Los soldados y el equipo enviado por Moscú no logra vencer las reticencias del país que un día ocuparon
27 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El desembarco en Kabul de una amplia delegación enviada por el Kremlin de médicos, expertos y responsables diplomáticos, acompañados por fuerzas especiales del Ejército ruso, se ha convertido en un evento de verdadero relieve para sus habitantes. Soldados rusos, armados con fusiles Kaláshnikov y protegidos con chalecos antibalas, acordonaban la zona impidiendo el paso a los curiosos. Los rusos son los primeros soldados pertenecientes al ejército de un país extranjero que se dejan ver en Kabul. Malos recuerdos Said Anwar, un joven cuya edad no parece que le permita recordar con demasiada nitidez lo que hicieron las tropas soviéticas en Afganistán en sus casi diez años de ocupación, declara ante las cámaras que «los rusos no despiertan aquí nada más que malos recuerdos». «¿Es que se proponen volver otra vez?», se pregunta Said. Ghulam Jan, un comerciante de unos cincuenta años, asegura que los rusos traen también a su memoria «imágenes tristes del pasado», aunque ahora cree que han venido para ayudarles. Abdul Afandi, otro habitante de Kabul, se siente agradecido porque sabe que los rusos van a instalar un hospital de campaña en la capital y que traen consigo alimentos y medicinas. Sin embargo, Abdul advierte que «no sería bueno que mantengan aquí sus soldados demasiado tiempo». Moscú ha insistido en que al contingente de tropas rusas desplegadas en la base de Bagram y en Kabul se le van a encomendar solamente misiones de «protección y salvamento». Ayer, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Ivanov, negó que su país tenga actualmente desplegados en Afganistán «ni siquiera cien soldados».