EL ENEMIGO PINCHA

La Voz

INTERNACIONAL

LUIS VENTOSO EN CAMPAÑA

13 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

stedes se acordarán. Ocurrió hace diez años. A Estados Unidos le tocaba entonces liberar Kuwait de la zarpa de Sadam. En las largas semanas previas al ataque, el Pentágono llenó de congoja al mundo pregonando que Irak contaba con «el cuarto ejército más poderoso del planeta». Pero comenzó la campaña en la arena ardiente... y las temibles legiones iraquíes se convirtieron en la banda de Curro Jiménez: deserciones masivas, soldados descalzos y desnutridos, tanques fotografiados por los aviones espías que resultaron ser juguetes hinchables made in Italy... La historia se repite. Tras 33 días de (durísimos) bombardeos de Bush, los talibanes se deshacen como un azucarillo. Las milicias del mulá Omar, saludadas como la reencarnación de los irreductibles galos de Asterix, huyen en desbandada de Kabul. La deslabazada Alianza controla casi todo Afganistán sin despeinarse. El enemigo pincha. ¿Qué ha pasado?: -En su demencial viaje al medievo, el régimen talibán no armó una red de gobierno ordenada (por ejemplo, para preservar su pureza espiritual, los mandatarios vivían en el feudo de Kandahar, aunque las sedes gubernamentales se radicaban en Kabul). La milicia talibán (guerrilleros dispersos) tampoco constituye un ejército en el sentido ortodoxo. -El poderío militar talibán es paupérrimo. Se calcula que cuentan con 40.000 milicianos. Pero carecen de aviación (sus 50 Mig-21 de la era soviética y sus 30 obsoletos helicópteros rusos han sido aniquilados). Y en tierra disponen sólo de un millar de piezas de artillería y de algunos misiles Scud y Stinger (donados por la CIA para pelear contra la URSS). -Los integristas se han quedado sin padrinos. A los talibanes les costó cuatro años (de 1994 a 1998) hacerse con todo el país (y siempre perduró la resistencia). Si triunfaron, se debió a la financiación generosa de Pakistán y Arabia Saudí (un curioso aliado de EE UU, que sufraga las versiones más salvajes del islamismo). Ahora, saudíes y paquistaníes juegan (¡qué remedio!) con camiseta americana. -¿Quién apoya hoy a los talibanes? Fácil: nadie. Imposible que resistiese un régimen desatinado que cuenta con el rechazo militante de EE UU, Rusia, Irán, Europa y hasta de la diletante China. Aquí sólo queda una guerra: Bin Laden.