Libertad Duradera... y cara

LUIS VENTOSO

INTERNACIONAL

JIM HOLLANDER

La 'Libertad Duradera' tiene un alto precio. El primer mes de guerra en Afganistán le ha costado a EEUU casi 190.000 millones de pesetas (1.142 millones de euros). La mayor potencia del planeta mantiene a 50.000 soldados, aviadores y marinos desplegados en el arco que va del Mar Rojo al Índico.

08 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Vietnam fue la primera guerra televisada. Y los estadounidenses digirieron mal que el campo de batalla entrase en sus cocinas. Atentos a aquella lección, Colin Powell y el bregado Dick Cheney inventaron en el Golfo la guerra opaca (periodistas alejados, información retocada y una TV pseudo oficial emitiendo urbi et orbe, la CNN). Diez años después, Powell y Cheney manejan también la campaña de Afganistán. Y su maestría censora se ha refinado. Ya no hay periodistas en el frente. La realidad se escamotea hasta el extremo de que Al Yazira, una televisión del ignoto Qatar, se ha convertido en la única opción de información alternativa y tiene la batuta en detrimento de la CNN. Pero a pesar de la nebulosa, un mes de campaña ha dejado ya unas primeras conclusiones: -La guerra es cara. 6.300 millones de pesetas (casi 38 millones de euros) día: las dos mil misiones de los bombarderos han costado 160.000 millones y cada Tomahawk vale casi 200 millones. -La guerra es dolorosa. Los talibanes hablan de 1.600 civiles muertos, cifra que el servicio de Documentación de La Voz rebaja a 600. En cuanto a bajas propias, Estados Unidos reconoce sólo cuatro (los talibanes hablan de cien). -Estados Unidos ha infravalorado al enemigo. Se preveían deserciones masivas tras las bombas y no llega una. -La Alianza del Norte es una banda. Son sólo 10.000 frente a 40.000 talibanes. -Bin Laden sigue donde solía: desaparecido para la CIA. Aunque con hilo directo con Al Yazira para lanzar al planeta sus vídeo-soflamas. Pero el gran hándicap es que hasta ahora Occidente ha sido incapaz de articular una alternativa al retrógrado régimen de Kabul. En el laboratorio del Pentágono los cálculos eran sencillos: el machaque de los bombarderos B-52 y los B-1 que atacan a diario desde la colonia inglesa de Diego García provocaría una sangría de deserciones entre los talibanes. Pero han recurrido incluso a las brutales Corta-margaritas (bombas de cinco megatones, un tercio de la carga de Hiroshima) y no aparecen fisuras integristas. En el norte, Estados Unidos cuenta al menos con la mordiente del errático Frente Unido. En el sur, donde los talibanes tienen su santuario emblemático de Kandahar, la contra no existe. El Pentágono sueña con forjar una Alianza Sur. Pero después de que los talibanes ejecutasen al valioso opositor Abdul Haq, no aparece un caudillo. El rey Zahir -una reliquia de 87 años que no pisa Afganistán desde hace 28- pertenece a la mayoría pashtún, pero no ilusiona al complejo país tribal. Queda entonces la celebrada Alianza del Norte. El general Pace, uno de los portavoces del Pentágono, explicaba días atrás que «les hemos dado equipamentos, armas, agua y comida para sus caballos». ¿Se puede ganar a galope la primera guerra del siglo XXI? Otro indicio: «Algunos de mis hombres no tienen zapatos», se ha quejado Baryalai, uno de los señores de la guerra del desunido Frente Unido. Aviones invisibles y cargas de caballería. Días extraños bajo el cielo de Asia.