Los investigadores estadounidenses se hallan todavía muy lejos de determinar siquiera qué persona o grupo puede esconderse tras los ataques con ántrax. No obstante, la hipótesis que se baraja con más fuerza parece excluir a Osama Bin Laden y la organización que lidera, Al Qaida. También aleja la posibilidad de que se trate de algún grupo de la ultraderecha doméstica. El retrato que maneja el FBI es el de un americano solitario, con conocimientos avanzados en biotecnología y ánimos de venganza contra el Gobierno federal. Un científico frustrado porque su talento no ha sido reconocido. Alienado socialmente porque la vida no le ha deparado demasiada fortuna. Este perfil ha sido dibujado a partir de la fórmula empleada en el ataque -el Servicio Postal- y el contenido de las tres cartas contaminadas con ántrax. Las que se enviaron a dos medios de comunicación en Nueva York y al líder demócrata en el Senado, Tom Daschle. Bin Laden ha preferido siempre acciones más dramáticas. Dirigidas a causar un gran número de muertes, no el goteo que está acompañando al carbunco. Los expertos creen que las milicias extremistas estadounidenses carecen de capacidad para diseñar bacterias tan potentes, casi aerosolizadas, como las destinadas al senador Daschle. El precedente elegido para establecer la hipótesis de más peso es el de Ted Kaczynski, más conocido como «Unabomber». Kaczynski, un matemático educado en Harvard, trabajó en solitario durante 17 años, hasta que fue delatado por su propio hermano. Es responsable de al menos 16 cartas bomba que causaron tres muertes y 23 heridos. Vivía en una cabaña sin luz, viajaba en autobús y utilizó el correo para sus atentados. Su batalla estaba dirigida a denunciar los peligros del progreso. El «científico loco» que ahora se busca podría estar ejecutando una venganza. Sería su protesta porque el Gobierno ignoró sus advertencias sobre la amenaza de las armas biológicas.