El FBI investiga un segundo caso de ántrax en empleados del diario «The Sun» en Florida y otros 300 son sometidos a análisis
08 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, fue una de las numerosas autoridades que ayer invitaron a sus compatriotas a «salir y continuar con vuestras vidas y no dejéis que esos terroristas nos afecten como americanos». La vuelta a la normalidad, sin embargo, se antoja una misión imposible. Al menos si se atiende a otras manifestaciones oficiales y las extraordinarias medidas de seguridad que se han puesto en marcha. El FBI instó a todos los cuerpos policiales a «estar en el nivel máximo de alerta y preparados para responder a cualquier acto terrorista o de violencia si llega a ser necesario». La Guardia Costera dispuso su mayor movilización -para la protección de puertos, buques y plantas nucleares- desde la Segunda Guerra Mundial. Y, por si la incertidumbre fuera poca, en Florida se confirmó un segundo caso de ántrax. Una segunda infección que volvió a recuperar el miedo a un ataque biológico. La víctima de la peligrosa bacteria fue un compañero de trabajo de Bob Stevens, el reportero gráfico de 63 años que falleció la semana pasada por el mismo agente infeccioso. Entonces, las autoridades sanitarias aseguraron que no había indicios de un ataque terrorista. Parecía un caso aislado, derivado de causas naturales. El segundo enfermo ha sido internado en un hospital sin identificar. El FBI abrió una investigación urgente «para localizar la fuente de la bacteria y determinar cómo resultaron infectados». El edificio de Boca Ratón en el que trabajaban, la delegación del semanario sensacionalista The Sun, fue sellado, y otros 300 empleados convocados para someterse a análisis médicos. Este suceso se ha vivido paralelamente a advertencias de posibles nuevos actos terroristas. En Nueva York, por ejemplo, se puso en alerta a toda la fuerza policial -41.000 hombres-, y se desplegaron 4.500 efectivos de la Guardia Nacional para vigilar túneles, puentes, edificios públicos y emblemáticos y aeropuertos. La Guardia Costera ha establecido en todo el país 72 zonas de seguridad en las que ninguna embarcación puede acercarse a menos de 500 metros de los buques de la Armada u otros posibles objetivos.