GONZALO PARENTE VENTANA AL MUNDO
18 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En la república balcánica de Macedonia estalló hace seis meses una guerra civil, en la cual una organización guerrillera se enfrentó al Estado para luchar por el reconocimiento de la comunidad de origen albanés, que constituye el 30 por ciento de la población del país. Ahora, con el apoyo de la Unión Europea y de la OTAN se acaba de firmar una paz que incluye el desarme de las guerrillas. Es la paz oficial y política, pero la paz del perdón y de la reconciliación de los ciudadanos no es sencilla. Porque a los muertos, los heridos y los refugiados que han tenido que dejar su vida y su hogar para huir nadie les va a devolver su sufrimiento. El rencor, el odio y la venganza son los virus que dejan los conflictos. Por eso, estos dolorosos sentimientos tienen también su tratamiento largo y penoso después del silencio de las armas. Doloroso proceso Las guerras balcánicas, que duran ya diez años, han venido a demostrar una vez más que en la opulenta Europa todavía existen conflictos que hacen hablar a las armas; porque hay comunidades que se sienten injustamente tratadas y son empujadas por líderes irresponsables a una lucha armada, que resulta estéril. En los Balcanes, primero en Croacia, luego fue en Bosnia, después en Kosovo y ahora en Macedonia, han pasado por ese proceso doloroso, y para alcanzar la paz han necesitado la ayuda exterior. Después vendrá la reconstrucción de lo destruido y ésta es la fase más costosa, porque afecta a la vida ciudadana para volver a vivir en paz. Así se alcanza en Europa el fin de otro conflicto que dice adiós a las armas.