ARANTZA ARÓSTEGUI PERFIL
12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La historia de Simeón II de Bulgaria resulta un tanto insólita. Tras la muerte de su padre, fue coronado rey con tan sólo seis años y tuvo que abandonar el trono apenas tres años después. Desde entonces ha vivido en el exilio, en Madrid principalmente (españoles son su esposa y cinco hijos), pero nunca rompió con su país natal y tampoco abdicó jamás. Por una extraña carambola, medio siglo después ha regresado a Bulgaria, en donde sus empobrecidos habitantes han visto en Simeón más a un Mesías salvador que a un posible rey. No se trata de que los búlgaros añoren el fasto y la pompa de las monarquías -el 80% de la población se confiesa republicano- sino que ven en Simeón a una persona educada en Occidente, a la que han entregado su confianza para que les saque de la miseria y la corrupción que asolan el país. Vuelve, pues, Simeón a un país sumamemte pobre, dispuesto a que se le conozca sólo por su apellido, por otra parte tan poco búlgaro y tan poco plebeyo como Sajonia-Coburgo-Gotha. «Yo soy como un moderador o un padre confesor, paso muchas horas recibiendo a gente», dijo Simeón, dejando claro que ante todo acepta el papel de liderazgo moral que los búlgaros parecen haber aceptado, a la vista de los resultados electorales. El día 24 de julio, el nuevo primer ministro deberá jurar la Constitución de la República de Bulgaria. Muchos expertos opinan que en ese momento Simeón renunciará al regio número romano que sigue a su nombre y, con ello, a la restauración de la monarquía en le país. Pasará a ser el señor Sajonia-Coburgo-Gotha, como de hecho se le conoce en Bulgaria a excepción de algunos nostágicos.