Cuando la crisis diplomática entre Estados Unidos y China parece llegar a su fin, Washington sorprendió ayer con una iniciativa que echa más leña al fuego de la discordia. Washington presentó ayer ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU una resolución condenando a China, en la que cita en particular «las medidas cada vez más severas contra los adeptos de movimientos como Falun Gong». En esta resolución, la administración Bush pide «la liberación de los presos políticos y de las personas encarceladas por la expresión no violenta de sus opiniones políticas, religiosas y sociales». El mes pasado, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea hicieron saber que votarían a favor del proyecto de resolución estadounidense, en caso de ser sometido a voto, pero que no lo firmarían. Pekín consiguió otros años impedir el voto de resoluciones similares mediante un subterfugio de procedimiento. La iniciativa norteamericana se inscribe en un contexto de ofensiva diplomática total contra Pekín. la Cámara de Representantes de EE UU debatirá en los próximos días una propuesta presentada por la Comisión de Asuntos Exteriores en la que se solicita al Comité Olímpico Internacional que excluya a Pekín de la lista de ciudades candidatas a albergar los Juegos Olímpicos del 2008 por la «abominable actitud» del Gobierno chino en materia de derechos humanos. Del mismo modo, el Departamento de Estado pidió a sus funcionarios el pasado lunes que no asistieran a una recepción en la Embajada china en Washington.