Centenares de emigrantes, en un número imposible de cuantificar, fueron exterminados por la barbarie militar
23 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.José Nicasio Fernández dormía con Graciela en Buenos Aires. Eran las doce y media de la noche del 9 de noviembre de 1976. Entre tanto, en A Coruña, donde Nicasio había nacido 27 años antes, daban las cuatro y media de la madrugada de un nuevo día camino de la democracia. Al otro lado de ese Miño grande llamado Atlántico, en el bonaerense barrio de Wilde, para Nicasio comenzaba el terror, como el de la Galicia de 1936. «Levántense y vayan todos al comedor. Adelante». La siniestra orden militar aún suena en las mentes de familiares y vecinos. El macabro destacamento uniformado, llamado grupo de tareas, golpeó a Nicasio ante su mujer. Era un anticipo. Salió en una camioneta y nunca volvió a saberse de él. Como en «Missing» Nicasio podría haber sido George Hoffmann, el periodista norteamericano que inmortalizó Costa Gavras en Missing (Desaparecido). Centenares de gallegos lloraron con esa magistral película sobre la represión chilena, tal vez sin saber que en el mismo Cono Sur, en Argentina, un número imposible de cuantificar de paisanos poblaron los corredores de la muerte, las salas de torturas, los aviones de los vuelos de la muerte, las fosas comunes... Ferreira, Araujo, Castro, Cea, Carballo, Freire, Toimil, Neira, Moreira, Pardo... Los listados de los 30.000 desaparecidos por la dictadura del país del tango son la versión gallega del monumento judío a los inmolados en el Holocausto nazi. En la dirección de Internet www.desaparecidos.org (un ciber-mausoleo) figuran, por ejemplo, ocho Pereiras de primer apellido y otros tantos Ferreiras. «É imposible saber cantos foron realmente. Dos de primeira xeración -nados en Galicia- fálase de 300. ¿Pero os fillos e netos dos que chegaran antes?», se preguntaba ayer el galaico-argentino Manuel Mera, presidente del sindicato CIG. «Eu tiven un compañeiro na cadea chamado Jorge Watt. Aínda que non o parecera, era fillo de galega», añade. Algunos sobrevivieron, como la ferrolana Susana Leirachá. Recuerda aquellos momentos de la cárcel «escamoteados aos vergudos, cando non se sufría polos ruidos, as bucinas, os berros e os golpes; cando por minutos cesaba o aillamento, rotineiro, enlouquecedor, vivido coa caperuza suxa e escura». La tupamara de Gondomar En la siniestra Escuela Superior de Mecánica de la Armada, el Auschwitz argentino, Leirachá conoció a Elsa Mesejo, de Gondomar. Emigró -como la mayoría de sus vecinos- a Uruguay. Allí entró en la guerrilla tupamara. Desapareció al intentar extenderla a Argentina. Por la Escuela Superior de la Marina también discurre el rastro de Inés Ollero. Su padre, César, de Paderne de Allariz, estuvo preso en el peronismo por comunista. Sobrevivió. A su hija la prendieron los militares el 19 de julio de 1977. Su ex-compañero, el sindicalista Pérez Leira, lucha, como otros centenares de gallegos, para mantener vivo su recuerdo y exigir justicia.