Europa cierra sus puertas a Haider

DAVID GIPPINI A CORUÑA

INTERNACIONAL

La entrada en febrero de cuatro ministros neonazis en el Gobierno austriaco llevó a la UE a imponer duras sanciones contra Viena Europa supo quién era Jörg Haider en octubre de 1999, cuando el Partido de la Libertad austriaco (FPÖ) logró pasar del 5% al 27% de los votos en las elecciones generales. Ese resultado lo convertía en la segunda fuerza política de Austria y en la llave que abría las puertas del Gobierno a los populares del ÖVP.

26 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Entonces se supo que el presidente del FPÖ era un hombre de 50 años, presidente de la región de Carintia, deportista y de aspecto atractivo. Pero esa fachada escondía un político populista, que recurría a argumentos xenófobos para recolectar votos. Sanciones Aunque en el pasado llegó a justificar los excesos del nazismo y a alabar la figura de Hitler, el discurso de Haider fue haciéndose más suave. El control de la inmigración y el freno a la ampliación de la UE fueron el centro de un discurso que caló hondo en ciertos sectores, desencantados con los partidos tradicionales. Para muchos detractores de Haider, esto no fue más que una operación cosmética para ocultar la ideología nazi que se oculta tras de la fachada del FPÖ. Lo cierto es que el triunfo de Haider despertó pasiones encontradas. Ante el anuncio de los populares austriacos de que estaban negociando con los liberales para formar un gobierno de coalición, la Unión Europea dio la voz de alarma. El 4 de febrero se formó el Gobierno austriaco, con la presencia en él de cuatro miembros del FPÖ. El mismo día, la UE comenzó a aplicar sanciones a Austria, a las que se sumaron Estados Unidos e Israel. Retirada El único efecto práctico de las medidas de presión internacionales fue la decisión de Haider de abandonar la presidencia del Partido de la Libertad, «para no entorpecer» la labor del Ejecutivo. Sin embargo, el polémico líder decidió seguir siendo presidente de la región de Carintia. Muchos temen que esta renuncia de Haider no sea más que un paso atrás para tomar más impulso en su carrera hacia la presidencia federal. De cualquier manera, lo cierto es que el popular líder austriaco ha permanecido en un discreto segundo plano en los últimos meses. Las dificultades creadas al Gobierno de Viena por las sanciones de la UE y la polémica que genera cada uno de sus actos han llevado a Haider a recluirse en sus dominios de Carintia y a reducir sus apariciones en público. Parecen lejanos los tiempos en los que atacaba al presidente francés, Jacques Chirac, acusándole de «megalómano» y de «fracasado», o aquellos otros en los que definía a los gobernantes belgas como «corruptos». Pero no hay que engañarse: desde entonces ha transcurrido menos de un año, y la bestia puede despertar en cualquier momento.