Los yugoslavos derribaron a Milosevic

Rosa Paíno
ROSA PAÍNO A CORUÑA

INTERNACIONAL

REPASO AL 2000 En un sólo día, los yugoslavos echaron a Slobodan Milosevic del poder en una sublevación sorpresiva e incruenta. Era el 6 de octubre, y la insurreción popular logró lo que no habían conseguido en 78 días la maquinaria bélica de la OTAN un año y medio antes. Los belgradeses, como buque insignia de toda la nación, se lanzaron a la calle y tomaron el Parlamento. El «zorro de los Balcanes» tuvo que retirarse, atizado por la sublevación civil y abandonado por los que eran hasta entonces de los suyos, el Ejército y sus fuerzas especiales. El nuevo presidente, Vojislav Kostunica, despidió la histórica jornada con un «buenas noches, Serbia liberada».

18 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Los yugoslavos habían sido convocados ese día por Kostunica a una jornada de desobediencia civil para obligar a Slobo Milosevic a reconocer el triunfo del partido Oposición Democrática de Serbia en las elecciones presidenciales del 24 de septiembre. La oposición revindicaba su triunfo en las urnas, acusaba al régimen de fraude y se negaba a participar en la segunda vuelta electoral, convocada porque, según los datos oficiales, ninguno de los contendientes había logrado el 50 por ciento más uno de los votos exigidos para proclamarse presidente. Papeletas dañinas Unas papeletas estaban haciendo al presidente más daño que las bombas de los aliados, en una elecciones que él mismo convocó por anticipado -no era la primera vez que el tiro le salía por la culata-. Apoyando a la oposición estaba la comunidad occidental, que le prometía el fin de las sanciones si lograba echar al hombre que dominaba la política yugoslava desde 1992. El éxito electoral de la oposición radicó en que por primera vez formó un bloqueo unido -aunque no estuvieron todos- y promocionó como líder a un hombre honesto, nacionalista razonable y aceptable por Occidente. Contra el símbolo La sede del Parlamento federal, otrora símbolo del poder de Milosevic, se convirtió en el centro de la revolución que cambió un país empobrecido y vilipendiado. Medio millón de personas se habían congregado en sus alrededores. Los ánimos se iban calentando y se esperaba un baño de sangre. En un momento dado alguien grito: ¡Todos a dentro! Después de momentos de dudas y forcejeos, las fuerzas de seguridad abrieron el camino a los manifestantes. Estos últimos, agradecidos, se fundieron con ellos en largos abrazos. Los yugoslavos se abrazaron a los agentes. Habían perdido el miedo al poder. Tras el Parlamento, ocuparon la televisión estatal, principal órgano de propaganda del régimen. La esperada reacción militar contra los concentrados no se produjo. El hasta entonces presidente se mantuvo en la sombra hasta que al siguiente día no tuvo más remedio que reconocer la victoria de Kostunica. Lo único que enturbió la jornada fue su anuncio de seguir en la política activa. Pero el hasta entonces indiscutible líder ha perdido el favor popular. El próximo sábado, Serbia celebrará unas cruciales elecciones parlamentarias. El Partido Socialista Serbio, de Slobo, sufrirá una derrota mucho mayor que en las federales yugoslavas, según prevén los sondeos. Cinco años después de los acuerdos de paz de Dayton, ninguno de sus protagonistas sigue en el poder: Milosevic, Alia Izetgebovic y Franjo Tudjman. Con su desaparición los Balcanes vislumbran un futuro más optimista.