Medidas económicas impopulares y un caso de sobornos han minado la popularidad del presidente argentino El presidente de Argentina, Fernando de la Rúa, cumple hoy su primer año al frente del Gobierno, plagado de dificultades políticas y económicas y marcado por varias medidas impopulares y contrarias a sus promesas electorales. Desde que asumió el poder al frente de una alianza de partidos, que logró el 48,5% de los votos, la imagen de De la Rúa ha ido empeorando, como han mostrado en distintos momentos las encuestas.
09 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.A poco de llegar al poder, el Gobierno aplicó una impopular subida de los impuestos, que afectó especialmente a la clase media, y bajó en un 15% los salarios del sector público. Ello pese a que en sus promesas electorales, la Alianza de la Unión Cívica Radical y el Frente del País Solidario (Frepaso) habían prometido reducir el gasto público y no incrementar la presión tributaria. De la Rúa también se comprometió a disminuir el desempleo, la mayor preocupación de los argentinos, que en la actualidad afecta al 15,4% de la población activa. La última cifra oficial difundida en el mandato de Carlos Ménem fue del 14,9%, índice que la Alianza consideró calculada a la baja. En el mismo plano económico, el Gobierno tuvo que desdecirse en varias ocasiones sobre las previsiones de crecimiento económico para este año, que en un primer momento iban a ser de cerca del 4% y hoy han sido reducidas al 0,5. Tres huelgas generales Ademas, el sector sindical mostró una férrea oposición a sus medidas de ajuste, que se tradujo en tres huelgas generales entre abril y noviembre. Pero la situación empeoró para el Gobierno en agosto a raíz del escándalo desatado por las denuncias de que se pagaron sobornos en el Senado para la aprobación de una ley de reforma laboral que exigía el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las denuncias salpicaron a funcionarios y a senadores oficialistas y del opositor Partido Justicialista, y originaron una seria crisis política. La crisis alcanzó su pico máximo en octubre, con la renuncia de Carlos Álvarez a la vicepresidencia del país en desacuerdo con la forma, a su entender tibia, en que De la Rúa había encarado el escándalo. Lo que estuvo a punto de quebrar la Alianza. En un sondeo de Gallup, el 83% de los argentinos calificó como «negativa» o «regular» la gestión gubernamental y un 14% la valoró «positiva».