El candidato más verde

La Voz

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BRENDAN MCDERMID / REUTERS

Ralph Nader se ha convertido en el juez que podría decidir las elecciones presidenciales en Estados Unidos George Bush y Al Gore se han visto obligados a acometer la recta final electoral con maniobras imprevistas. A los ataques mutuos ya planeados y a sus continuas arengas populares han tenido que incorporar incesantes referencias a un individuo con el que nadie contaba: Ralph Nader. El demócrata habla de él como de un enemigo peligroso que podría entregar la Casa Blanca al gobernador de Texas. Y éste utiliza el mensaje de Nader para criticar el supuesto ecologismo y la honestidad de su principal oponente. Sin quererlo, el candidato del Partido Verde se ha convertido en el juez que podría decidir los comicios presidenciales.

02 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal El multimillonario Ross Perot no jugó ningún papel decisivo en las contiendas que llevaron, en 1992 y 1996, a Bill Clinton al Despacho Oval. En la primera, se hizo con más del 18% de los votos, pero éstos perjudicaron por igual a los dos principales candidatos. En la segunda, la ventaja de Clinton sobre el republicano Bob Dole era demasiado amplia como para que la presencia del texano tuviera alguna trascendencia. Nader, sin embargo, se ha encontrado con dos candidatos incapaces de brillar con luz propia. La batalla entre Bush y Gore es tan reñida _por mediocre_ que el menor movimiento del electorado será determinante. De ahí que el candidato verde se haya convertido en protagonista. Los sondeos sugieren que sólo logrará en torno al 5% de los sufragios. Pero sucede que la gran mayoría proceden de electores que en otras circunstancias apoyarían a Gore. Ese mínimo porcentaje podría ser el que prive al demócrata de la victoria. «Rara avis» ¿Pero quién es Ralph Nader? El tercero en discordia es una rara avis en el panorama estadounidense. Reside en un apartamento alquilado en Washington, no tiene televisión, ni tarjetas de crédito, ni coche. Nunca se ha casado, ni pertenecido a un partido político _ni siquiera al Verde que ahora representa_. Vive con un modesto presupuesto anual, en torno a 25.000 dólares (4,8 millones de pesetas). Hijo de emigrantes libaneses, ha dedicado su vida a la defensa del consumidor. Lucha contra las grandes multinacionales para lograr desde vehículos más seguros hasta el derecho a indemnizaciones cuando una aerolínea deja a algún pasajero en tierra. A los 66 años se ha sumergido en su tercera aventura electoral _en 1992 no hizo campaña y en 1996 la hizo con el irrisorio presupuesto de sólo 5.000 dólares_ porque «no puedo digerir la sistemática decadencia política de nuestra democracia». Opina que el Gobierno está controlado por las corporaciones y quiere que sea devuelto a los ciudadanos.