Quiere aprovechar el impulso ganado en Los Ángeles para limar diferencias con los conservadores Demócratas y republicanos comenzaron a afilar sus cuchillos para el tramo último de la carrera electoral. Al Gore cerró el jueves el ciclo de convenciones y se lanzó inmediatamente a hacer campaña con su compañero Joe Lieberman. Su objetivo es aprovechar el impulso ganado en Los Ángeles para limar diferencias respecto al equipo conservador (George Bush-Dick Cheney). En el discurso de aceptación de su candidatura, Gore subrayó: «Ellos apoyan a los poderosos, yo al pueblo».
18 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal La última velada de la Convención Demócrata en Los Ángeles estuvo diseñada para distanciar a su candidato de los problemas de la Administración Clinton y de sus rivales republicanos, y a acercarlo al americano medio. La tarea más complicada correspondió a este último capítulo. Gore no es precisamente míster simpatía. Y sabedor de sus carencias decidió agarrar el toro por los cuernos: «Sé que dicen que a veces soy demasiado serio, que hablo demasiado de cosas sustantivas e ideas (...) Pero la Presidencia es más que un concurso de popularidad. Es una lucha día a día por el pueblo (...) Si me confiáis la Presidencia, sé que no seré siempre el político más excitante, pero trabajaré por vosotros cada día y no os defraudaré». Sus palabras fueron precedidas de una sesión fotográfica y de una proyección de vídeo en las que se presentó a Gore como un cálido hombre de familia y se hizo un repaso a su biografía. Un largo beso en los labios a su esposa, Tipper, bajo los focos de la convención se encargó de completar las maniobras de deshielo. Gore y Liberman eligieron La Crosse (Wisconsin) para iniciar la nueva etapa de su campaña. En cuatro días visitarán catorce estados, viajando en barco por el Mississippi.