El proyecto de la torre Eiffel

La atrevida empresa de los señores Eiffel y Souvestre, que consiste en la erección de una torre de 300 metros, preocupa vivamente a los electricistas


Antes de abordar el papel eléctrico que debe hacer este grandioso monumento, que representará la imagen del genio industrial del siglo XIX, para el cual será lo que fueron las pirámides y el palacio de Karnak en la época de Ramsés, es interesante, escribe el Boletín de la sociedad internacional de electricistas, hacer una rápida historia de esta torre.

La idea de una torre de semejantes dimensiones hizo al principio surgir muchas dudas, no solamente sobre la posibilidad de su ejecución, sino también sobre su utilidad; responderemos enseguida a estas dos objeciones.

Los proyectos que se presentaron a la comisión de la Exposición de 1889 han sido numerosos, y el de los señores Eiffel y Souvestre es el que ha prevalecido.

El nombre solo de Mr. Eiffel bastaría para disipar todas las dudas que pudieran surgir sobre la ejecución del proyecto, porque las anteriores obras de este ingeniero constituyen una garantía. En efecto, basta recordar la colosal estatua de la Libertad, ejecutada en los talleres de Eiffel, y la cúpula del Observatorio de Niza, cuyas proporciones sobrepujan las del Panteón. Además, ahí están el viaducto de torres y los puentes del Gabarit y del Douro.

La torre medirá en la base 125 metros de diámetro; entre los cuatro enormes pilares de esta base, se elevará el armazón en forma de cintra o arco, de modo que habrá sobre cada cara un arco de 70 metros de luz y 40 de altura en la clave: esto es casi la altura de la columna de la Bastilla, que tiene 45 metros. Por encima de esos gigantescos arcos, se reúne la armazón metálica de un cuadrado inmenso, que forma el primer piso de la torre a 70 metros de tierra, con galería de cristales de 15 metros de ancho alrededor de la torre, con una superficie de 4.200 metros cuadrados comprendiendo los balcones.

El suelo del segundo piso estará a 150 metros de tierra y el tercer piso a 235.

El vértice de la torre formará el cuarto piso y su cúpula completará los 300 metros.

En el cuarto piso habrá un balcón exterior de 250 metros cuadrados de superficie.

Desde la cúpula se podrá descubrir un panorama de 120 kilómetros de diámetro. Si se quiere hacer la comparación entre las alturas de los monumentos del globo, se verá:

Las torres de Nuestra Sra. de París                    66 metros.

El vértice del Panteón                                          77     »

La flecha de los Inválidos                                    86     »

San Pedro de Roma                                          105     »

La flecha de la catedral de Viena                      132     »

Campanario de la catedral de Estrasburgo       138     »

La pirámide más alta de Egipto                         142     »

La flecha de la catedral de Rouan                     150     »

La flecha de la catedral de la Colonia                159     »

La torre Eiffel                                                      300     »

Vemos que el monumento más alto del mundo alcanza próximamente la mitad de la altura de la torre Eiffel.

Pero ¿qué materiales podrán resistir una masa semejante? M. Max de Nansonty lo explica de este modo:

«Solamente el hierro puede llegar a esas alturas; solo él puede soportar las reacciones verticales de la construcción y resistir a los esfuerzos de la reflexión resultantes de la acción de los vientos, tanto más considerable cuanto mayor es la altura. Las pilas metálicas que se han construido en estos últimos tiempos llegan a la altura de 60 metros, y en el estado actual del arte del ingeniero, no hay más dificultades serias en llegar a 80 y aun a 100 metros; pero la cuestión es más distinta cuando se trata de 300.

Se producen, en el estudio detallado de este caso excepcional, dificultades análogas a las que se encontrarían al establecer un puente pasando de una luz de 150 metros a una de 300.

Esta es la respuesta a una de las objeciones de que antes hablábamos.

En la descripción precedente hemos dicho que el horizonte se extenderá sobre un radio de 60 kilómetros, y como lo hace notar Mr. Camilo Flammarión, «es una ilusión el creer que desde los 300 metros de altura se verá a 50 kilómetros de distancia. Esta visibilidad no se produce más que en circunstancias excepcionales, con una rara transparencia de atmósfera, al salir o ponerse el sol».

Pero con una atmósfera normal, se podrán distinguir desde la torre los pueblos situados a la distancia de Fontainebleau, Etampes, Rambouillet, Nantes, Pontoise, Chantilly, Meaux, Melin. Desde estos puntos se verá la torre, tanto más elevada cuanto más cerca de París se mire. Con el auxilio de instrumentos especiales, se podrá transmitir o recibir señales para distancias mayores, tales como las colinas de Rouen, de Lyon, la planicie de Orleans, y aun quizás las montañas de la Borgoña.

En cuanto al emplazamiento de la torre, hay que observar que el Campo de Marte está solamente a 30 metros por encima del nivel del mar, al paso que se aumentaría aún el efecto, si se emplazase, por ejemplo, en las alturas de Passy, situado a 60 metros de altura. Si hubiera seguridad en el subsuelo de Montmartre, y se puniese edificar la torre en este sitio, el vértice de la torre tendría una altura absoluta de 420 metros; pero es inútil insistir en esto, no solamente porque es irrealizable, sino porque se quiere que la torre esté en el mismo terreno de la Exposición.

Relativamente a los servicios que la torre podrá prestar, creemos se puede mirar esta cuestión bajo tres puntos de vista principales:

1.º Punto de vista meteorológico.

2.º Punto de vista estratégico.

3.º Punto de vista eléctrico.

Para el primero, M. Flammarión presenta argumentos difíciles de refutar.

«La elevación de la torre ?dice? y la naturaleza misma de la construcción permitirán medir la velocidad del viento a diferentes alturas, cosa que se ha empezado hace mucho tiempo y está lejos de haberse terminado; en la torre habrá una buena base de operaciones.

La variación diurna y nocturna de las temperaturas desde cero metros a 300 metros por encima del suelo podrá hacerse con una precisión imposible hasta aquí.

La comprobación de la ley de decrecimiento barométrico podrá hacerse con mayor sencillez que de ningún otro modo (montañas o globos.)

La medición del espesor de las nieblas y de las brumas no dejará de tener interés; más de una vez sucederá que la gran ciudad estará toda entera bajo una capa de 200 metros o más de niebla, y el vértice de la torre u observatorio meteorológico emergerá como un faro en el mar por encima de las olas, y los observadores serán testigos de los más maravillosos efectos de luz y de los más brillantes fenómenos de óptica atmosférica.

«Las nubes no descenderán nunca probablemente hasta allí; alguna vez, quizás, las nubes tempestuosas podrán pasar no muy lejos del vértice de este pararrayos gigantesco, y entonces podrían hacerse estudios preciosos, independientemente de los diarios sobre la electricidad atmosférica. En astronomía, muchas observaciones que no pueden hacerse en el caso de nieblas inferiores, podrían llevarse a cabo desde lo más alto de la torre, tales como las de las estrellas errantes, eclipses y fenómenos pasajeros, cuya observación ha sido muchas veces imposibilitada por la llegada de una inoportuna niebla.

«En cuanto a los estudios astronómicos de precisión, no hay que pensar en ellos, a causa de la inestabilidad de la torre, que oscilará casi perpetuamente bajo la influencia del viento, oscilación, por otra parte, sin ningún peligro para la solidez del monumento de hierro, naturalmente elástico».

No insistiremos mucho en el punto de vista estratégico, para lo cual sería de desear que nunca sirviese: pero es fácil comprender los servicios que podría prestar la torre como puesto de observación en el caso de un nuevo sitio de París, no solamente por el campo de exploración visual, sino por las órdenes que se podrían transmitir o recibir por medio de un telégrafo óptico, cuya acción podría extenderse hasta una distancia de 100 kilómetros.

En fin, bajo el punto de vista de la electricidad, independientemente del alumbrado de una parte de París, por medio de un faro, cuyas dimensiones y potencia estuviesen en relación con el monumento que lo llevase, la comisión ha consultado a los señores Berger, Mascart y Beegnerel sobre las medidas que habría que tomar relativamente a los fenómenos eléctricos debidos al rayo que con frecuencia herirá las paredes de la torre, ya las precauciones que conviene tomar para protegerla.

La comisión respondió con una nota, en la cual se aseguran cosas que nos parecen algo aventuradas.

Dice la comisión que colocando todas las puntas que ella dice, las personas que estén en la torre quedarán perfectamente impunes aun cuando caigan rayos. Esta absoluta y perfecta impunidad es lo que nosotros no vemos; tal vez tengan razón los sabios, y es de suponer que la tengan mejor que nosotros; pero no vemos la imposibilidad de que esas personas sufran alguna conmoción cuando, tocando el metal, caiga el rayo. El tiempo lo dirá.

Tampoco vamos justificada la afirmación de que la torre sufrirá descargas oblicuas o diferentes. Nos parece que no sufrirán muchas el primer piso ni el segando y casi ni el tercero. En este punto la comisión ve una serie de rayos viniendo por todos los lados, y manifiesta tanto temor como seguridad manifiesta antes respeto de las personas.

La comisión cree que el rayo herirá con frecuencia la torre: una cosa así como veinte o treinta rayos al año. Nosotros creemos que la cosa no será tan fuerte y que por cada 100 rayos que caigan en París, no caerá uno en la torre.

He aquí la nota:

La torre de 300 metros podrá hacer el papel de un inmenso para-rayos que protegerá un gran espacio a su alrededor, a condición de que su masa metálica esté en comunicación perfecta con la aquífera del subsuelo por medio de conductores capaces de dar paso a la cantidad considerable de fluido eléctrico, cuya salida es preciso asegurar en tiempo de tempestad.

Gracias a estas precauciones, el interior del edificio, con las personas que contenga, estará absolutamente asegurado contra todo accidente que pueda provenir de los frecuentes rayos que infaliblemente herirían las paredes de la torre a diferentes alturas.

Para realizar el no aislamiento de la torre en las mejores condiciones, se sumergirán en la capa aquífera que se encuentra a siete metros por bajo del suelo actual del Campo de Marte, dos líneas de tubos de fundición de hierro paralelas a las dos caras opuestas de la torre.

Cada una de estas líneas de tubos tendrá así una longitud de 124 metros. Los tubos empleados podrán tener un diámetro de 0,60 metros y serán del género de los que se emplean para el gas. Cada una de estas líneas de tubos se pondrá en comunicación con las partes metálicas bajas de la torre, por medio de cables, barras o láminas de cobre de grandes secciones. Estos conductores emergerán del suelo por pozos revestidos de un metro de diámetro al menos, y seguirán al descubrir a lo largo de la sillería de los zócalos de la torre, hasta llegar a las piezas metálicas, a las cuales se soldarán como expansiones, de modo que se tengan soldaduras de mucha superficie. Los pozos permitirán enterarse con frecuencia del estado de las soldaduras y de las uniones de los conductores de cobre con los tubos.

En cuanto al exterior del edificio, se tratará de proteger especialmente todas las partes en que el público pueda permanecer al aire libre; estas partes son los balcones corridos que habrá probablemente alrededor de la torre en los tres pisos indicados en los dibujos.

Se obtendrá la protección necesaria colocando desde luego para-rayos oblicuos de puntas de buenas longitudes en cada uno de los cuatro ángulos de cada balcón.

Después se dispondrán a lo largo de las caras de estos balcones una serie de para-rayos de puntos o penachos de dimensiones apropiadas y convenientemente espaciadas. Igualmente se podrá poner en el vértice del edículo culminante de la torre, un para-rayos vertical de punta de altura moderada.

Será necesario que los trabajos destinados a asegurar el no aislamiento de la torre se principien al mismo tiempo que los de fundación de los zócalos, para reservar a los obreros de todos los accidentes del rayo, una vez que la construcción haya llegado a cierta altura.

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