El partido con el PAOK confirma el crecimiento y el papel fundamental del mediocentro gondomareño, centrado en el club vigués y ajeno a las especulaciones
28 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Miguel Román González (Gondomar, 2002) no deja de sorprender en su primera temporada en la élite. Su impacto en el juego del Celta salta a la vista y el jueves, su irrupción en el partido tras el descanso resultó decisiva. Hasta su círculo más próximo se sorprende del rendimiento que está dando en su año debut en Primera. Lo que a cualquier futbolista le costaría dos años de adaptación el de Gondomar lo ha solventado en tres meses. No había dudas sobre su muestrario balompédico, pero nunca resulta fácil saltar dos categorías.
Porque para entender el fenómeno Miguel Román hay que tener en cuenta que el pasado verano tuvo que aprobar el examen de la pretemporada para poder quedarse en la primera plantilla del Celta, que comenzó como quinto mediocentro y que en los primeros meses de competición apenas participó en tres partidos, pero a partir de noviembre comenzó a ganar protagonismo, se convirtió en un habitual para Claudio Giráldez y a día de hoy es un futbolista esencial para el Celta hasta el punto de que su entrada en el descanso el pasado jueves en la cita de vuelta ante el PAOK le dio un giro radical al encuentro.
Cuando parecía que el jugador había alcanzado su cénit, por esta temporada, con partidos de primer nivel en el Bernabéu o actuaciones descollantes como ante el Osasuna, el gondomareño le dio un nuevo impulso a su temporada con sus cambios de orientación, su facilidad para el pase imprimiéndole mayor velocidad al balón y por tanto a juego, por su trabajo sin balón y por su dominio del espacio para equilibrar el centro del campo como demostró ante el PAOK, que se quedó sin argumentos desde su entrada en el partido. La confianza, algo que le faltó en algún momento de su carrera deportiva, está ahora en su momento álgido. También se siente importante y se ve beneficiado por tener a buenos peloteros a su alrededor.
Cada vez más 6
Además, poco a poco se está especializando a jugar como seis en el 3-4-3 del Celta, en la demarcación de mediocentro posicional, cuando en el Fortuna era más ocho, un centrocampista con más llegada y a una altura más alta. Apenas hace un par de meses que se ha convertido en el pivote defensivo y es la posición en la que está resaltando más. Con Ilaix Moriba ha formado una buena sociedad que podría tener extensión también con Matías Vecino.
¿Pero cuáles son los motivos de semejante crecimiento? Uno de ellos es su mentalidad de hierro. «Ese é o cambio máis grande que tivo», comenta Pablo Couñago, el excéltico que lo entrenó en el Choco y que le representa en la actualidad. También su capacidad de sacrificio y su inconformismo, Miguel Román siente que puede ir a más en cada partido y no escatima esfuerzos para conseguirlo. No se permite un momento de relajación.
A nivel personal, el centrocampista es el mismo, lleva su irrupción en la élite con total normalidad, enfocado y sin mal de alturas. Como si fuera aquel infantil que su madre recogía en el colegio a mediodía con un bocadillo esperándole mientras hacia el trayecto hacia el campo de entrenamiento. Tampoco le pesa el rol de jugador fundamental que está adoptando en el equipo, sino que lo vive con naturalidad.
Centrado en el Celta
Su excelente momento deportivo ha desatado la especulación sobre su futuro. No faltan los comentarios sobre los equipos interesados y sobre la necesidad que tiene el Celta de ampliarle un contrato que finaliza en el 2028 después de haber prolongado su vinculación con el club en agosto pasado. Por el momento, todo se queda en rumores y Miguel, aseguran, está centrando en el Celta y en mantener este nivel el máximo tiempo posible.