El documental «Os que nunca se renden» aborda la realidad del Celta Integra y lo que el proyecto ha significado para todos los que forman parte
02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El documental Os que nunca se renden, proyecto de la Fundación Celta firmado por Andrés Montenegro y Sebastián García, integrantes de Celta Media, está disponible desde este jueves en el canal de YouTube del club y se puede ver aquí. Concebido con motivo de los diez años del Celta Integra, supone un viaje a las entrañas de este equipo integrado por personas con discapacidad intelectual.
La mayor parte del celtismo pone cara al delegado del Celta Integra, Fran Díaz, pero no tantos saben la historia de un chico al que le dieron, como mucho, dos años de vida, pero que ha cumplido 40. «Es un sí por delante. Se apunta a todo. Nunca se queja y tiene millones de motivos para hacerlo. Todo el mundo debería tener cerca a alguien con sus ganas de vivir», plantea Vanessa, su hermana, que recuerda que «vivió en el Hospital Xeral meses y meses», pero también cuánto se divertían juntos de niños y cómo para ella ha sido siempre «un hermano genial».
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Díaz, que no puede respirar por sí mismo y fue sometido años atrás a una traqueotomía, está conectado a varias máquinas y no puede volar en avión, por lo que sus desplazamientos suelens en tren, siempre con un acompañante y, agradece Vanessa, con todas las facilidades por parte del Celta para hacer más secillo lo que es inevitablemente complejo. «Él no es lo que se ve ahí, un chico en una silla. Hay mucha lucha y mucho dolor detrás», subraya. «Vendrán más dificultades, pero aquí estamos para llevarlas lo mejor posible», señala él.
Otro protagonista en el que se detiene el documental es Brais, que coincidió de niños con Claudio Giráldez y Róber Fernández en el Porriño. Cuenta el técnico que jugaba con él siendo una año menor, prueba de que tenía «mucho talento». Pero apareció un diagnóstico: sufrió un cambio hormonal que implica que requiera medicación que provoca que necesite tres veces el esfuerzo de una persona normal para conseguir lo mismo», detalla el padre. «Que un fillo se poña enfermo é o peor, pero cando toca, toca», asume su progenitora.
Hoy, celebran que haya cumplido de esta forma su sueño de ser céltico. Y, como dice Diego, uno de sus técnicos, estos padres consiguen el objetivo de todo progenitor, que sus hijos sean felices. «Lo son más que nosotros, saben disfrutar y aprovechar cada momento», afirma. Álex Abalde, el primer técnico que tuvieron relata con ternura que este chico soñaba con jugar en el primer equipo y logró vestir de celeste con el Celta Integra: «Yo le digo que él es campeón de España y los jugadores del primer equipo, no».
Comenta otra madre que «no hay palabras para todo lo que hacen con ellos», que ella creía que será ir a entrenar y de vuelta a casa, pero agradece cómo les integran en cada vez más actividades y la repercusión que todo esto ha tenido para ellos no solo en que estén más contentos, sino en su actitud y comportamiento cotidianos. Para ellos, ir a entrenar es «más efectivo que tomar una pastilla» y el equipo les ha funcionado «mejor que terapias» durante años, constatan las familias en el documental. Es consciente de que «si con uno es difícil, imagina (hacers cargo de) 16». Y los técnicos, a su vez, no tienen cómo expresar lo que les aportan chicos. «Son experiencias gratificantes que quedan para el resto de la vida», afirma Diego.
El documental muestra una de las ocasiones en que la presidenta del Celta, Marián Mouriño, viajó con ellos como una más y refleja el agradecimiento de las familias a su implicación: «Que presidenta fai iso», plantea agradecida una de las madres . También una actividad que realizaron con el primer equipo y el cariño y la familiaridad con la que los futbolistas de élite trataron a sus compañeros de club, regalándose momentos mágico mutuamente.
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— Grada de Río (@gradaderio) January 1, 2026
También hubo anécdotas como cuando descubrieron a uno de los chicos bebiendo cerveza sin saber de dónde lo había sacado, cómo les fascinan y cómo llenaba alguno los platos con los buffets libres de los hoteles, la inquietud de las primeras veces que se desplazaban con chicos con necesidades especiales y que nunca habían viajado en avión en algunos casos, y miedo y sustos como cuando, subidos en el avión, les faltaba Samu; lágrimas de angustia cuando no aparecía, y de emoción con la comprensión del resto de pasajeros del avión, que aplaudieron cuando se sumó. Sonrisas y lágrimas, como en la vida, que «es injusta a veces», como les recuerda un técnico antes de un partido. Por eso, les dice, lo importante es que «seguir luchando». Y ellos son expertos en eso.