Jugadores, familias, técnicos y todo el que ha tenido contacto con el Celta Integra, de personas con discapacidad, constata cómo les cambia la perspectiva
02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El 17 de septiembre del 2015, el anterior presidente del Celta, Carlos Mouriño, presentó en sociedad un nuevo proyecto del que aseguraba ese día que era «la ilusión de todo el club». Bautizado como Celta Integra, nacía en ese momento el equipo celeste de personas con discapacidad que a día de hoy definen en la entidad como «el corazón» del club. Empezaron siendo un puñado de futbolistas, compitiendo en unas pocas competiciones, y actualmente tienen escuelas y varios torneos tanto autonómicos como nacionales, caso de una Liga Genuine que han ganado dos veces en diferentes apartados. Además de estar presentes en el día a día celeste con múltiples actividades.
Este 1 de enero, además, era un día marcado para el Celta Integra porque salía a la luz su documental, Os que nunca se renden, que lleva el título de la frase que mejor define a estos célticos a quienes en entusiasmo nadie les gana. Y en un proyecto que lleva diez años funcionando, uno de sus entrenadores, Edu González, es un recién llegado al que ya han hecho sentir «uno más». «El primer día, alguno estaba distante. Viene alguien nuevo, igual con cara de mala leche… (risas). Fue acabar el primer o el segundo entreno y ya era como uno más. Te acogen de maravilla», cuenta.
González sabía de la existencia del Celta Integra, tenía buenas referencias y no lo tuvo que pensar apenas cuando le propusieron sumarse. Pero aun siendo tan altas las expectativas, las ha superado con creces. «No hay día que no salga de allí con una sonrisa de oreja a oreja y pensando en las ganas de volver. Todo lo bueno que pueda decir es poco. Son esponjas que van allí a disfrutar. Siempre merece la pena», asegura. Aquello es «otro mundo», pero deja claro que, aunque las bromas por ambas partes y los abrazos forman parte de la rutina, la exigencia también marca su actividad.
El técnico no obvia que son chicos con necesidades y características especiales y eso hace que sea un reto trabajar con ellos. Pero en ese sentido, lo afronta del mismo modo que cualquiera de los muchos equipos de los que ha sido responsable a lo largo de su trayectoria. «Hacemos el trabajo físico, técnico, táctico, psicológico.. Trabajamos todos los aspectos del fútbol. Se trata de ir conociendo a los jugadores y ellos mismos te dan pie, te guían para saber si uno rehúye el contacto, si a otro le gustan los abrazos, a alguno le molestan especialmente los ruidos y es preferible hablarle más bajo…», ejemplifica.
Que lo positivo sea mucho no quita para detrás de cada uno de estos chavales haya historias complicadas para ellos y, en especial, para sus familias, que han hecho y hacen grandes sacrificios por estos chicos. Es algo que queda patente en el documental -también de la boca de Claudio Giráldez- y una realidad que abre los ojos. «Te cambia la perspectiva. Ves que con tan poco son felices y, luego, nosotros nos quejamos por tonterías», plantea.
«Que no termine nunca»
Y si formar parte del Celta Integra es un antes y un después para los técnicos del club, pasa lo mismo con las familias. Lo expresaba hace unas semanas a La Voz la madre de uno de los jugadores, Álex Lago, Esther VIlaboa, confesando el miedo que tuvo durante un tiempo a que el proyecto no continuara.. «Se lo digo siempre a los entrenadores y a todo el mundo, que espero que esto siga para adelante y no se termine nunca. Es muy importante para estos chicos».
En su caso, cuenta que a su hijo «le costaba relacionarse y expresarse cuando veía mucha gente, agachaba la cabeza cuando alguien le hablaba» y que ha «dado pasos de gigante, pero no es algo exclusivo de su caso. «Veo el cambio en todos los miembros», subraya. Y la evolución más importante de Álex es lo contento que lo ha llegado a ver gracias a jugar en el Celta Integra: «Verlo tan feliz es algo que ni soñaba», apunta.
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La trabajadora social redondelana Magaly Couñago, por su parte, lleva años como parte del cuerpo técnico de este equipo. Ella experimentó en los inicios lo mismo que González y lo ha visto con otras personas que se han ido sumando con el paso de los años. «Se cuidan entre ellos y hacen lo mismo con los entrenadores o con cualquier persona nueva que llegue al club o que venga a conocerlos. Siempre te hacen sentir incluida», sostiene. La inclusión, la clave.