La futbolista burgalesa, con ficha del filial, lleva cinco titularidades en cinco jornadas con el primer equipo una vez recuperada de la enfermedad que sufrió
11 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Celia Fontecha (Burgos, 2005), yudoca y futbolista en su infancia que se decantó por el balón cuando tuvo que elegir, llegó a Vigo por estudios. Su apuesta por Ciencias del Mar la trajo a la ciudad y como quería seguir jugando, encontró un hueco en el Mos, que más tarde llegaría un acuerdo con el Celta para el proyecto de su actual equipo, As Celtas. A su llegada a Galicia, ya había sufrido una rotura de ligamento cruzado, pero durante su primera temporada tras haber comenzado la nueva etapa, le esperaba otro duro escollo: fue diagnosticada de un linfoma que ahora ya es pasado.
La céltica, con ficha del filial, ha disputado como titular los cinco partidos del primer equipo en lo que va de liga y parece haber dado un paso adelante respecto a la temporada anterior, cuando firmó en todo el curso exactamente los mismos cinco encuentros de inicio que lleva ahora. «Cuando me dicen que cuentan conmigo para As Celtas, lo recibo con muchas ganas, pero volvía de recuperarme del linfoma y no sabía cómo iba a estar mi cuerpo, cómo iba a estar yo. Mis ganas eran de sentirme como antes para formar parte de ese proyecto», cuenta.
El hoy coordinador de As Celtas, Humberto Lede, era su entrenador en el Mos y siempre estuvieron en contacto cuando ella fue a tratarse a Madrid. La mala noticia llegó en noviembre del 2023. «Fue una etapa dura pero, por suerte, corta. Salió bien y aquí estamos», celebra. Con un pronóstico esperanzador desde el primer momento, estuvo tratándose hasta marzo del año siguiente y el regreso no fue fácil. «Aunque fueron pocos meses, el cuerpo recibe algo muy duro que tiene que asimilar. Y me costó retomar el fútbol, claro», relata.
La deportista afirma que durante la enfermedad «buscas fuerzas de donde sea para salir de ahí», después de un palo que, siendo tan joven, te coge todavía más de sorpresa. «Nunca te lo esperas. Lo ves de lejos hasta que te toca vivirlo», subraya. Además, la larga inactividad por la rotura de cruzado, todavía en el Burgos, su anterior club, estaba reciente. «Han sido dos parones importantes y espero que no haya más. En todo momento pensé en volver a jugar. Hay momentos de desánimo, días malos de decir: ‘Joder, otra vez me toca a mí, qué mala suerte tengo’. Pero siempre imaginando la vuelta», asegura.
«Poco a poco, vuelvo a estar a mi nivel de antes»
Fontecha explica que siguió haciendo deporte en el hospital, pero «nada comparado con el ritmo» que ha ido recuperando. «Ahora, poco a poco, creo que podría decir que vuelvo a estar a mi nivel de antes», valora. Y se está reflejando en un mayor protagonismo. «Estoy muy contenta. Es cuestión de trabajo y constancia. No esperaba que contasen tanto conmigo como lo están haciendo», señala al tiempo que comenta que contempla bajar a echar una mano al B en cualquier momento. «Contaban conmigo como alguien importante para el filial, pero a lo largo de la pretemporada, va cambiando algo la cosa y voy cogiendo minutos con el primer equipo. Cuando llega la oportunidad, hay que agarrarse a ella», proclama.
Una vez terminado el tratamiento, su vuelta fue ya como céltica, en la pretemporada del 2024. «Empecé entrenando con restricciones y yendo muy poco a poco, pero durante la temporada ya estuve entrenando con normalidad», recuerda. Hasta ir sumando unos minutos que ahora se están viendo multiplicados. «La pasada campaña tuvo la parte difícil de ser un proyecto nuevo, con jugadoras que veníamos de diferentes equipos y no era sencillo crear una conexión para que todo saliera como salió, conseguir el ascenso y vivir tantos buenos momentos como vivimos», apunta.
La céltica dice que la pasada campaña también hubo «malos momentos» y que supieron «trabajar como equipo para sacarlo adelante todas juntas». Y el pasado fin de semana, tras un inicio arrollador con cuatro triunfos, les tocó el primer mal trago de la actual campaña, al caer por 3-0 ante el Racing de Santander. «Llevábamos una racha que yo hubiera firmado. Llegamos al partido del Racing sabiendo que iba a ser duro, un equipo de gente veterana y bien trabajado, fuera de casa… Es un partido para aprender de los errores e ir a por el siguiente», plantea.
Las mismas ganas de derbi
A lo largo de esta semana, han esperado con ganas la llegada del partido de este sábado frente al Deportivo B (16.00), donde saldrán «a darlo todo». Ella, aunque sea una de las no gallegas, se contagia de la «especial ilusión» del resto. «Es un rival más, pero genera sensaciones distintas y tengo las mismas ganas que ellas», sostiene. No cree que haya favoritos y preguntada por si el objetivo es el ascenso, responde: «Hay que ser ambiciosos y, no voy a mentir, ojalá podamos conseguirlo. Pero hay que pensar a corto plazo, en el partido de cada fin de semana, y si salen las cosas, seguir a tope, a ver si se consigue».
Yudoca antes que futbolista
Fontecha comenzó a practicar yudo «desde chiquitita», antes que fútbol. «Con el balón jugaba en la calle, en el cole e iba a algún campamento de verano, pero hasta alevín de primer año, no me apunté», recuerda. Desde que lo hizo, compatibilizó ambos deportes durante años. «Al final, es sacrificado, aunque de pequeña no entrenaba tanto como ahora», recuerda. «Eran un par de días cada deporte, estaba todo el rato haciendo algo».
Después de conseguir el cinturón negro, se decantó por el fútbol. «Fue duro, porque después de tantos años, también es una parte de ti. De vez en cuando lo echo de menos, pero la elección no me fue difícil», recuerda. Considera que los deportes individuales son más sacrificados y en ese momento necesitaba dar un paso del que no se arrepiente.
Como jugadora, se define como «trajadora, comprometida y polivalente», pues dice haber jugado prácticamente de todo. Donde más cómoda me siento es por la banda, es donde más me gusta y ahora mismo me encuentro muy bien en esa posición, desde atrás.