«Perderei o meu número de socio, pero non os meus principios»

Abonados con décadas de antigüedad rechazan la campaña y no renovarán


vigo / la voz

Entre las muchas quejas que ha generado la campaña de abonados del Celta destacan de manera especial las de aquellas personas que llevan años de fidelidad al club con independencia de la categoría. Son abonaos a los que no les importó renovar en los momentos más críticos de la historia reciente del club -a veces, teniendo que hacer para ello verdaderos esfuerzos-, pero que sin embargo ahora han decidido no pagar los 50 euros que exige el club para mantener el asiento y la antigüedad o, al menos, se lo están planteando seriamente.

«Montan este lío por uns míseros euros que non repercuten no presuposto»

Fran Fernández es de los que ya han tomado una decisión irrevocable. «Veño dunha familia obreira e sempre fun do Celta. Fixéronme aboado como premio por aprobar», cuenta este celtista de 43 años. Lo fue hasta los 18, porque alcanzar esa edad suponía una subida importante del carné, pero regresó a los 21, en cuanto dispuso de su primer sueldo. Con el tiempo, hubo cosas de la gestión de Mouriño con las que no estuvo de acuerdo, pero «o corazón tira máis e sempre renovaba a pesar das malas campañas de aboados», señala. Ahora es diferente.

«Coa pandemia o fútbol pasou un pouco a segundo plano, na miña casa entra só un soldo e cun neno pequeno as preocupacións son outras», argumenta Fernández. Dadas las circunstancias, considera que el club plantea «unha chantaxe». «É inconcebible montar todo este lío e malestar entre aboados para gañar uns míseros euros que non repercutirán no presuposto», expone. Pero lo que más le duele es la cuota de alta para volver en el futuro. «Seguramente se nos vaia do presuposto, pero a única maneira de que rectifiquen é non pagando», valora. Su propuesta habría sido «un prezo simbólico ou gratis e outro máis elevado con agasallos como a camisola, que total apenas están vendendo».

«A los abonados nos trata como zapatillas»

En el caso de José Pereira Villar, de 63 años, ha decidido no renovar después de 40 años. «La gota que colmó el vaso es lo de la campaña, pero estoy muy cabreado con el presidente y con el director general desde hace tiempo, a los abonados nos trata como zapatillas», lamenta este aficionado. Se queja de las condiciones de Balaídos y tampoco aprueba la guerra con el Concello. «Podría dar mil razones para explicar por qué no renuevo. Solo se acuerdan de nosotros cuando el equipo va muy mal. Sus ojos solo ven euros, no celtistas», considera.

En su caso, y a no ser que haya una rectificación por parte del club, no hay vuelta atrás con una decisión que toma después de haber sentido que para la entidad es «solo un número». «Creo que mucha gente hará lo mismo, sobre todo los que llevan poco tiempo de abonados», señala. Él conoce de primera mano varios casos en su familia, de cuñados y sobrinos. «Uno es socio histórico como yo y los demás llevan cuatro años». Por supuesto, no oculta que le da pena dar este paso. «Mucha, pero no consiento que me tomen el pelo. Cuando vi la campaña volví a pensar que al presidente no le importan los abonados. Si no, no actuaría así. ¿Cuánto va a recaudar con esta medida contando las bajas que habrá? Nada para el presupuesto del club».

 «Non pagas por recibir un produto, pagas por coacción para non perder asento nin antigüidade»

Tras 25 años, Alejandro Costas también hace un paréntesis en su vínculo con el Celta -cuenta con volver cuando se pueda acceder a los estadios-. Considera que «pedir 50 euros se non é seguro que se poida ir ao estadio é un insulto». Recuerda que el club presume de estar saneado, por lo que no ve justificado querer tirar de abonos, y recuerda el momento de lanzar la campaña, el día después de anunciar un nuevo entrenador y tras «tres anos penosos e un último mercado de risa». Además, considera «insultante presumir un día de músculo económico (sede de 5M de euros, cidade deportiva, proxecto de centro comercial) e logo pedirlles 50 euros aos socios por pouco máis que nada».

Abonado desde 1994, Álex tiene claro que no va a ser «parte disto». «Perderei o meu número, pero non teño pensado perder os meus principios. Aboareime cando poida ir a ver ao meu equipo», señala. Vila argumenta que «non pagas por recibir un produto, pagas por coacción para non perder asento nin antigüidade» y tiene la sensación, asimismo, de que «como tantas, a campaña de abonados vén feita dende o departamento económico. «Eu especialiceime en dirección comercial e márketing na carreira e isto é un insulto», lamenta.

«Usan o vínculo de pertenza de cada socio co clube como unha moeda de cambio»

Daniel Medina Méndez, de 42 años y socio desde los 15 -aunque faltó un año a los 20- se ha sentido «insultado» y se plantea renovar o no. «O 99% somos socios e socias para ir a Balaídos, non por ter descontos en tendas ou na fundación. Que che fagan pagar por algo que non podes desfrutar non é normal», opina. Además, percibe como «un castigo» que si no se paga te retiren el número de socio, la butaca y se avise de que se puede exigir en el futuro una cuota de alta.

«Todos os que levamos moitos anos indo a Balaídos sabemos que o número de socio é algo especial. En cada nova tempada revisas para ver cantos avanzaches. Por iso me parece mal», razona. Entiende que se usa «o vínculo de pertenza de cada socio co clube como unha moeda de cambio». Su futuro estará ligado a lo que dedica junto al grupo con el que acude a Balaídos y «á resposta que dea o clube ante a avalancha de críticas».

«No reconozco al club, han conseguido alejarlo de todos»

Sabela Veiro, de 33 años y más de 25 de socia y accionista, aún no ha tomado una decisión, pero comparte el disgusto generalizado. «Me duele pensar que gente sin cabeza que desde hace unos años maneja este club, está destrozando un sentimiento que tenemos muchos como yo y que aún encima no les pertenece», expone. Le cuesta dar el paso porque, cuenta, no dejó al club «ni en los momentos más duros de Segunda», cuando iban «cuatro gatos». «Pero lo más grave de todo es que a día de hoy ya no reconozco a ese club y a ese equipo, han conseguido alejarlo de todo y de todos nosotros».

Veiro afirma que siempre ha entendido que el fútbol es un negocio. «Lo tengo claro, pero me niego a pensar que lo único que importa es el beneficio económico de sus dueños... Esto no es una empresa de zapatos ni de telefonía ni una constructora, es un equipo, son unos colores y sobre todo una afición. Una afición a la que en los últimos años se ha maltratado una y otra vez», denuncia. Lo que le pide el cuerpo es no renovar «y que el club ve a dónde llegan sin su masa social», pero duda porque para ella «esto va mucho más allá de lo que parece que representa para todos ellos».

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