Iago Aspas, mucho más que cien goles

Frente a la Real, el céltico se convirtió en anotador centenario en Primera


VIGO

Los números avalan ya a Iago Aspas como uno de los grandes referentes célticos de todos los tiempos. Frente a la Real Sociedad anotó su gol número cien en Primera División. Dos los convirtió con el Sevilla y los otros 98 con el escudo de su equipo, en el que creció, en el que está firmando sus mejores expedientes y del que siempre está dispuesto a tirar en primera línea de batalla.

No obstante, al delantero, al que todavía le queda mucho recorrido por delante, se le recordará más por su alma celeste que por su sobresaliente producción anotadora. Aquellas lágrimas de la remontada de hace algo más de un año ante el Villarreal no computan en las estadísticas, pero dicen mucho y quedarán por encima de cualquier registro. El sentimiento no se puede cuantificar, se tiene o no se tiene, y aquella fue la expresión de una identidad.

El gol número cien supone un gran paso del equipo hacia la permanencia. No pasará a la historia por su factura. Sin embargo, dice mucho de Iago Aspas, de su carácter y de su templanza. Venía de marrar un penalti en Valladolid, con mucho mérito en la parada de Masip, que combinó una estirada felina con la intuición. Frente al Alavés volvió a lanzar desde los once metros y escogió la misma opción. Si acaso, ajustó un poco más y más raso, y marcó. Ante la Real, Remiro tapó ese lado y el ariete cambió, al otro. No es fácil asumir la responsabilidad, y una vez más demostró que no se achica. No es extraño que nada más acabar la contienda hablase de tres puntos con sabor «a gloria».

Idiosincrasia

Al haberse criado en el club nadie le tiene que explicar la idiosincrasia céltica. Sabe que hay muchos dientes de sierra en la trayectoria de la entidad y a él le está tocando vivir una de las más estables. Es ya un estandarte, y lo será todavía más cuando se retire, porque las conquistas siempre cobran valor con el tiempo.

Entre tanto, seguirá siendo la gran referencia del Celta en el mascarón de proa, solo o acompañado en la punta de ataque, cayendo a las bandas, bajando a buscar balones al centro o esperando en el área pero, sobre todo, interpretando como pocos los espacios en los últimos metros de la cancha, para beneficio propio o para el de sus compañeros. Porque es de los futbolistas que levanta la cabeza, lee y produce.

Ante la Real Sociedad recibió poco juego, pero fue uno más en el ordenado y sacrificado entramado defensivo que tejió Óscar García. Y tuvo una participación decisiva. Forzó el penalti por fe y perseverancia. El árbitro, muy quisquilloso con las faltas, también lo fue en el área. No dudó. Y Aspas tampoco dudó al coger el balón y ejecutar.

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