Shimpei Shimada, 20 años de celtismo con acento japonés

Se enamoró del Celta a 10.000 kilómetros de Vigo por un gol de Mostovoi y después estudió español y visitó la ciudad, siendo abonado durante unos meses


Vigo

Se hace llamar Chema, tiene 42 años y es un apasionado del Celta. Nada fuera de lo común hasta ahí. Con la diferencia de que detrás de ese nombre se esconde Shimpei Shimada, japonés con más de 20 años de celtismo a sus espaldas, desde que un gol de Mostovoi al Real Madrid en la temporada 1997/1998 en Balaídos le cautivó a más de 10.000 kilómetros -«me impresionó muchísimo», recuerda-. Y nació un sentimiento que perdura hasta hoy, cuando reside por razones laborales en Colombia. Pero no siempre ha vivido en celtismo en la distancia.

A finales de los 90, la información de La Liga en Japón era escasa y solo se televisaban algunos partidos de Barcelona y Madrid, como ese en el que este aficionado descubrió al Celta. «Desde ese momento seguí algunas informaciones sobre el club, me informé sobre dónde estaba Vigo, sobre el estadio, la historia del equipo… Y empecé a interesarme por aprender español», recuerda. Y en ese mismo 1998 comenzó a estudiar el idioma en la universidad «con la idea de ir a España algún día y ver un partido en directo».

Durante la carrera se le ofrecía la posibilidad de hacer un curso en España durante dos meses. Y así puso rumbo a Vigo, aunque su destino fue Salamanca. «Durante esa estancia, en 1999, aproveché para para ir a Balaídos por primera vez en mi vida. Era la época de Víctor Fernández, con Mostovoi, Karpin, Revivo, Makelele, Míchel… Fue impresionante», relata sobre aquel estreno suyo en la grada de Tribuna. Tuvo claro que volvería y lo hizo.

En el verano del 99 eligió Santander para seguir perfeccionando su español y su siguiente destino, durante varios meses, ya fue Vigo. «Fui abonado de Tribuna en esos meses. No me perdía ningún partido. Hasta que tuve que regresar a Japón para terminar la carrera», explica con nostalgia. Pero esa experiencia de dos años en España salpicada de visitas a Balaídos acentuó la simpatía que ya previamente había despertado en él el Celta. «Descubrí cómo es el fútbol español y España, pero sobre todo cómo son los gallegos, Galicia, su mentalidad, la filosofía del club y de los vigueses. La mayoría de mis amigos españoles son vigueses y celtistas y seguimos en contacto», apunta.

A partir del 2001 ha regresado a Vigo varias veces, cada dos o tres años «para ver a los amigos e ir a Balaídos», menos de lo que quisiera: «Ya se sabe que los japoneses trabajamos mucho y en las empresas es complicado tener tantas vacaciones», comenta. Pero el vínculo y el sentimiento han permanecido intactos. «Sigo las informaciones, resúmenes de vídeo… Hace dos años en Japón se empezaron a televisar casi todos los partidos de La Liga y cada semana lo sigo», detalla.

Admite que la pregunta de por qué le ha enganchado tanto el Celta como para seguir permanentemente pendiente del club tantos años después, dice que no es fácil responder: «Creo que a lo largo de la vida toda persona tiene cosas o eventos importantes que les marcan. Para mí ese partido de los 90 primero y los que viví en Balaídos después forman parte de esa parcela importante de mi vida», profundiza.

Añade que su experiencia en España le cambió la vida: «Tenía 20-22 años y renací allí, me convertí en la persona que soy. Tengo recuerdos muy especiales de experiencias que me hicieron crecer como persona y al mismo tiempo crecía mi amor por el Celta». Y establece una comparación reveladora: «Las personas no pueden olvidar al primer novio o novia. Es casi la misma experiencia para mí con lo vivido con el Celta en España». También por eso aunque estuvo en otras ciudades y en sus estadios, y simpatiza con algunos de esos clubes, «primero conocía al Celta y como aficionado ninguno es comparable, tampoco el Tokio; si se enfrentaran un día, iría con el Celta».

Como residente en Colombia, ha vivido de manera especial la llegada al club de Murillo. «Imagínate ser japonés y celtista, vivir en Colombia y que tu equipo fiche a un jugador del país donde vives. Aquí es muy conocido y creo que puede ser un buen fichaje para el equipo», dice. Desde su conocimiento del fútbol japonés, además, dice que se dio cuenta frente al Eibar de que Aidoo aún necesita aclimatarse. «Inui hizo una jugada característica suya ya desde que estaba en Japón y noté que él no sabía como jugaba este futbolista. Yo viéndole pensaba: ‘No, Aidoo, por favor!’. Perdió la pelota».

Chema -el nombre que se puso en España, como suelen hacer los japoneses dada la complicación de sus nombres para los españoles- tiene una cuenta de Twitter donde comparte información del Celta en su idioma para celtistas japoneses, aunque no conoce personalmente a ningún otro. Sí conoció a través del Celta a Hidetoshi Mori, celtista cuya historia dio a conocer La Voz de Galicia y que luego fue recibido por el club, cumpliendo su sueño de ser socio. «Me impresionó verle en las instalaciones del club, esa entrevista tuvo que ser muy especial para él», indica.

Él, por su parte, planea volver a visitar Vigo en este año 2020 y confía en la salvación del equipo pese a la complicada situación en la que sigue. Ni la distancia ni la categoría han sido obstáculos para que su celtismo fuera cada vez a más -si cabe- en los últimos 20 años.

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