Los aficionados del Celta se encogen en los asientos de la grada de Río Bajo

Si se mide más de 1,90 no hay manera de sentarse, solo si se ubica en la fila inferior, la del pasillo

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Los aficionados se encogen en los asientos de la grada de Río Bajo

VIGO

Bajando desde el barrio de Coia por la calle Manuel de Castro, el estadio Balaídos emerge como una gran bombonera de lujo. El azul metálico refulge bajo el sol mientras la taquillera entrega las entradas a una afición dispuesta a disfrutar de la tarde. Pero toda cara tiene su cruz. La empleada no sabe qué asientos son más estrechos que otros, así que cuando le piden una localidad cómoda lo único que puede decidir es la ubicación más cercana al pasillo. La reforma de Río Bajo ha costado seis millones y no satisface. El club realizó mediciones en 1771 asientos y la media de separación entre las filas es de 18,69 centímetros. El valor más alto hallado fue de 24 centímetros y el más bajo de 12,60.

Así que algunos aficionados que son altos o voluminosos se encuentran un poco como sardinas en lata en la capital de la conserva y si se mide más de 1,90 no hay manera de sentarse, solamente si uno se ubica en la fila inferior que constituye el pasillo de acceso.

La distancia entre asientos varía mucho y algunos abonados aseguran que su butaca ha quedado prácticamente igual que antes de la reforma. Así lo afirma Alfonso Sánchez, ingeniero de Telecomunicaciones de 44 años que acude al estadio en compañía de su hijo. «Mi asiento no era muy amplio antes y ahora más o menos tengo el mismo espacio». Asegura que una de las ventajas del arreglo es que pusieron respaldos y son abatibles por lo que «ahora se puede circular mejor». En opinión de Sánchez, «puestos a hacer una reforma podrían haber mejorado la habitabilidad». Los abonados de Río Bajo pagan 512 euros al año y los que acudieron a esta grada por su cuenta ayer tuvieron que pagar 40 euros.

El resultado de la obra no satisface tampoco a Juan Costas, un abogado de 48 años que ayer pensaba acudir a la grada de Río Bajo en compañía de un amigo pero este le falló así que optó por acudir a Marcador, cuya incomodidad es mayor que en Río Bajo pero cuyo abono resulta mucho más barato porque no llega a 300 euros. La grada de Marcador también será objeto de la piqueta en el próximo mes de marzo, aunque las obras pueden retrasarse a mayo.

A pesar de las incomodidades, el alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha prometido a las peñas que efectuará una mejora en la que se aumentará el espacio para las piernas y se logrará suprimiendo una fila de cada cinco. Esto significará eliminar unos 500 asientos para ganar en amplitud. Pero el Celta perderá ingresos.

Entre los aficionados que se encontraban ayer en la grada de Rio Bajo estaba Anxo Quintana, el exvicepresidente de la Xunta que expresó su opinión de manera diplomática: «Podía estar mellor. Pero podía estar peor». Quintana es socio desde hace 35 años y aseguraba que le han cambiado varias veces de sitio. Con su envergadura tenía que encoger las piernas pero como su butaca da a un pasillo no estuvo mal del todo.

Uno de los celtistas que acudieron desde más lejos fue Miguel Ribeiro, funcionario de Lisboa. Aseguraba con su bufanda celeste que el campo del Benfica no es mucho mejor: «Puede haber cinco centímetros más».

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