Iago Aspas y la afición salvan un pésimo año

La salvación, el pichichi y la Reconquista del celtismo, lo único reseñable de un curso con tres entrenadores


Vigo

La temporada 2018/19 que ayer echó el telón no tendrá un lugar en las páginas gloriosas del celtismo, pero al menos una reacción final liderada por Iago Aspas y la afición permitió certificar la permanencia. Algo nada fácil aunque el equipo fue incapaz de ganar fuera en seis meses y solo consiguió 12 puntos lejos de casa. Por encima, con una colección de licencias defensivas que provocó que el equipo acabase con 62 tantos en contra.

¿Cuál es el balance de la temporada?

Iago Aspas lo resumió con la palabra «fracaso». La más directa para enjuiciar un curso en donde por primera vez en la historia Mouriño se atrevió a declarar Europa como objetivo y el equipo acabó salvándose matemáticamente en la última jornada. No obstante la permanencia, viendo la caída libre del equipo hasta principios de marzo suena a la mejor noticia posible. Los 41 puntos y la décimo sexta posición son el segundo peor registro desde el regreso del equipo a Primera, empeorado tan solo por los 37 puntos del año de la salvación del 4 %.

¿Cuál fue la clave para salvar el curso?

Sumar 16 puntos en las últimas diez jornadas del campeonato. El Celta se fue al parón de marzo en descenso y a cuatro puntos de la salvación. Al regreso contó con Aspas, ganó 13 puntos de 15 posibles en Balaídos, a lo que añadió tres empates a domicilio y pasó de los 25 puntos de mediados de marzo a los 41 que le certificaron la continuidad en Primera. Esta remontada tiene dos nombres propios, el de Iago con sus goles y su liderazgo en el campo y el de la afición tirando del equipo. Cuando fue reclamada dio un paso adelante.

¿Por qué se llegó a esa situación?

Por las decisiones erróneas en la planificación. El Celta se equivocó en la elección de los dos primeros entrenadores. Mohamed y Cardoso dejaron al equipo sin un patrón de juego, con la moral por los suelos y al borde del desastre. En su descarga juega la composición de la plantilla, con carencias notables en el ataque al no contar con un tercer delantero y sin jugadores de banda para aprovechar los costados. Tampoco se solucionaron las carencias en defensa de la temporada anterior pese a la llegada de Araujo.

¿Dependía el Celta demasiado de Aspas?

Los números no ofrecen dudas. Iago es un jugador determinante para el Celta. Cuando se marchó lesionado en el Camp Nou el Celta no estaba en un buen nivel pero quería mirar hacia la zona continental y durante su ausencia los vigueses solo sumaron 4 puntos de 33 posibles, lo que llevó a cambiar el objetivo y a centrarse en la salvación. Con él en el campo desde su regreso el equipo solo perdió un partido, ante el Athletic.

¿Qué papel juega Escribá en la salvación?

El valenciano le dio normalidad a un banquillo convertido en silla eléctrica. A Escribá no le templó el pulso cuando perdió sus dos primeros partidos en el Celta e insistió en su idea de equilibrar al equipo hasta que la consiguió. De hecho antes del triste final con Athletic y Rayo había conseguido que su equipo fuese fiable a base de solidez defensiva y acierto en ataque.

¿Hubo un Celta local y otro foráneo?

No hay duda. A domicilio el equipo sumó 12 puntos mientras que en Balaídos construyó su salvación con 29 puntos, casi la mitad de ellos en los cinco últimos partidos en casa. Como visitantes solo sumaron dos triunfos fuera, ambos en la primera vuelta, y por primera vez desde su regreso firmaron una vuelta entera sin ganar lejos de casa. Con ese estigma iniciará el próximo curso.

¿Cuántos años lleva el Celta encajando 60 o más goles por curso?

Tres. Desde el ejercicio que acabó con el sexto puesto y billete para Europa en donde los de Berizzo habían encajado 51 goles, los tantos recibidos siempre han estado en los sesenta. Esa fue la cifra el curso pasado con Unzué, nueve menos que el último curso de Berizzo. Ahora fueron 62 a una media de 1,6 por encuentro, una barbaridad que debe ser subsanada este verano.

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