Quien tiene a Iago Aspas tiene un cheque al portador en su bolsillo. Da igual el inquilino del banquillo, el dibujo o el escenario, lo suyo es compromiso y calidad a partes iguales. El de Moaña es un seguro de vida y cuando peor pintaba el panorama, con dos goles, el segundo, una obra de arte del contragolpe, le dio un triunfo balsámico al Celta. Porque camino del descanso el diez céltico sacó a su equipo del atolladero después de una jugada con el ADN de A Madroa porque Brais y Hugo iniciaron la jugada que el pichichi completó. Y en el segundo tiempo, cuando el Huesca creía en el empate tras dar un paso al frente, Iago hizo un gol de autor corriendo la contra, sentando a su par y marcando sobre la salida de Jovanovic.

Cardoso, que se estrenaba en casa, mantuvo la idea y a muchos de los jugadores de su ópera prima, pero bajó un punto la ortodoxia y también le dio un pequeño ajuste al sistema para hacer coincidir a Iago Aspas y Maxi en la punta del ataque, una de las tareas pendientes del once de Anoeta.

La idea, más acomodada a la realidad celeste, se encontró con un problema nada baladí, el estado de ánimo de los vigueses, más nerviosos de lo habitual en su puesta en escena, lo que provocó un carrusel de pérdidas de balón en el arranque y que el Huesca se atreviera con la presión alta. Incluso suya fue la primera gran ocasión con un remate de Rivera de cabeza solo en el área pequeña que no cogió portería.

De nuevo las llegadas desde la segunda línea del rival fueron un puñal para un Celta que hasta el minuto 21 no fue capaz de adivinar los tres palos del rival con un tímido disparo de Maxi. Antes, había hecho magia con el balón Sofiane, pero sin una pizca de sentido colectivo del juego. Lo suyo es el unipersonal CD Boufal. Por eso disparó sin ángulo con Iago solo en una ocasión que el mismo fabricó con un eslalon exquisito.

Ese sentido colectivo lo puso la cantera para abrir la lata cuando la desesperación se asomaba y los silbidos habían señalado a Costas. Brais se hizo con el balón en el sector derecho, metió el balón al espacio y Hugo Mallo se ganó el espacio para asistir a Iago Aspas, que libre de marcar alojó el balón en la red.

El segundo tiempo fue un ejercicio cardosiano. El técnico portugués mostró su preferencia en la víspera por el 1-0 que por el triunfo con intercambio de goles y el Celta dio un peligroso paso atrás dándole a los oscenses el balón y el campo, lo que propició que Etxeita rematase un córner de cabeza con peligro y que el esférico se pasease en más de una oportunidad por el área de Rubén procedente de las bandas, un espacio asesino para los celeste. El escenario se completaba con la salida al contragolpe, que el Celta interpretó fatal por mediación de Maxi Gómez, que falló en dos decisiones capitales, aunque la ocasión más clara la desperdició Brais Méndez solo delante del portero tras un pase filtrado de Hjulsager.

No ocurrió lo mismo con Iago Aspas al timón. Hjulsager recogió el balón en la frontal, lanzó un pase profundo y el de Moaña hizo el resto. Carrerón, sentó al defensor con una finta y fue al encuentro del portero con el golpeo y el sitio decidido. Marcó por el palo largo, sentenció el partido y le dio aire al Celta.

Faltaba poco más de un cuarto de hora para el final y ahí se acabó el partido porque el Huesca, que incluso se quedó con diez por lesión de Akapo tiró la toalla y fue el cuadro vigués quien estuvo cerca de ampliar la diferencia pero Aspas tras una gran asistencia de Hugo buscó el tercero cuando no tenía espacio y Emre Mor, en su única aparición, destrozó un contragolpe con superioridad numérica.

El triunfo supone un bálsamo para el Celta, que coge oxígeno con respecto a la zona roja a las puertas de una semana con Copa y Liga.

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Quien tiene a Aspas tiene un tesoro