Un empate para empezar y un mundo por recorrer

El Celta iguala en el estreno de Mohamed un partido que comenzó perdiendo

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Mohamed tiene un mundo por hacer. Los pilares de su Celta todavía son débiles. En lo físico, en el concepto de juego y en la ejecución del plan, pero después del verano vivido, el empate suena a primer paso, en especial después de que el Espanyol se adelantara en el marcador en el peor momento de los vigueses y que incluso en la recta final tuvieron la ocasión de ganar. Iago Aspas volvió a ser determinante con su participación en el gol del empate y Emre Mor tuvo en sus botas la redención pero fue inocente ante Diego López.

De más a menos. En línea descendente fue el Celta en la primera mitad. Los vigueses, con el once esperado, incluido Júnior Alonso con tres días en Vigo, comenzaron el partido inaugural con criterio. En campo contrario, presionando al rival y robando con relativa facilidad y controlando el balón. Sin embargo, las ocasiones claras escasearon. Un disparo desde lejos de Hugo Mallo que atrapó Diego López y un balón cruzado de Brais Méndez fue todo el rédito, además de un cabezazo de Cabral.

El Espanyol de Rubi quiere el balón, pero mantiene la paciencia del pasado y sabe esperar. Los barceloneses dejaron hacer a un Celta demasiado previsible, sin profundidad por las bandas por la obcecación de Pione Sisto y la tendencia de Iago Aspas a viajar al centro. Los pericos mandaron el primer aviso en un uno contra uno del pitado Borja Iglesias del que salió airoso Sergio pero en la segunda intentona, en un córner, el central Mario Hermoso aprovechó un balón en el segundo palo para marcar a falta de un minuto para el descanso. La peor noticia para un equipo que reclamaba el descanso a gritos.

El palo de encajar en la última jugada del primer tiempo recibió el antídoto ideal, empatar al regreso. A los cinco minutos y en la primera llegada. A la contra, con espacios y con Júnior Alonso liderando una jugada que acabó con un balón cruzado hacia Iago Aspas, y entre el moañés y David López mandaron un balón al palo que terminó entrando.

El tanto le dio alas al Celta, que dio un paso adelante pese a los 30 grados, y comenzó a asediar a un rival agazapado. Los vigueses aumentaron la presión, Lobotka jugó a placer como mariscal y liberados de cuestiones defensivas con Beltrán barriéndolo todo vivieron en campo contrario y buscaron el segundo. Lo tuvo muy rápido Brais con un tiro desde la frontal que se fue fuera por poco. Incluso Maxi Gómez -que pagó la inactividad y estuvo lejos de su mejor versión- llegó a marcar pero estaba en fuera de juego como testificó el VAR y el tanto no subió al marcador.

Aunque el partido y el calor invitaban a tirar de instinto conservador, los dos entrenadores movieron el frente de ataque. Rubi cambió a los dos delanteros y Mohamed metió en el campo a Emre Mor por un desdibujado Pione Sisto y a Boufal por Brais. Y el turcodanés tuvo el tanto del triunfo en sus botas en un balón excelso de Iago que lo dejó solo ante Diego López, pero tiró flojo y centrado y el de Paradela se hizo con el esférico. En el bando contrario Sergio García, un especialista en hacer sangre del Celta, la tuvo con un disparo próximo al punto de penalti que desvió O Gato de Catoira.

El empate dadas las circunstancias, suena a mal menor para un Celta acostumbrado a malos principios, pero el punto no puede esconder el trabajo colosal que le queda a Mohamed.

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