Lo comido, por lo servido

Tres victorias y tres derrotas, bagaje del Celta con goles decisivos en los últimos minutos

El Celta tenía el partido del Martínez Valero más que controlado, pero acabó perdiendo en la recta final.
El Celta tenía el partido del Martínez Valero más que controlado, pero acabó perdiendo en la recta final.

Vigo / La Voz

El Celta de Luis Enrique no entiende de medias tintas. Obvia la máxima de preservar el empate cuando el partido languidece si no ha sido capaz de ganar. Sin embargo, los finales apretados ni le han dado ni le han quitado al conjunto vigués esta temporada. En tres ocasiones el Celta ha salido beneficiado de goles postreros (más allá del minuto 75) y en otras tantas ha salido perjudicado. La última, en el Martínez Valero cuando el empate incluso parecía poco premio para los méritos celestes. «Es un palo perder el punto de esta forma porque el partido estaba controlado, pero esto es fútbol y hay que seguir», comentó Charles Dias después del partido.

La historia de los finales apretados comenzó en negativo para el Celta. Encajando dos derrotas. La primera, después de ejercer un monólogo ante el Levante que lejos de reportarle al menos un punto, supuso la derrota cuando Diop agarró el rechace de una falta en el minuto 88. Fue la única ocasión granota en todo el segundo tiempo.

El mal fario prosiguió después en Anoeta, en donde Carlos Vela terminó firmando la remontada de la Real Sociedad al marcar el cuarto gol (4-3) en el minuto 81.

Pero a continuación, el equipo de Luis Enrique consiguió revertir la situación saliendo airoso de tres finales apretados, aunque en medio de ellos hubo un tercer revés, cuando Sergio García marcó para el Espanyol en el minuto 88 en otro partido plano y con pinta de empate.

En clave positiva, el primero fue ante el Valencia en Balaídos, cuando Charles culminó la remontada marcando el 2-1 en el minuto 78. Poco después llegó el tanto de Augusto en el 88 en Granada. Fue quizás el partido de Los Cármenes la antítesis de lo vivido el pasado fin de semana, ya que cuando el empate parecía un suculento botín, llegó una jugada desgraciada de Roberto que le puso el balón en bandeja al argentino. Augusto Fernández tuvo fe y sacó petróleo (1-2).

Hace un par de semanas, en Villarreal, en el partido interrumpido por el bote de gas lacrimógeno, el Celta también marcó sus goles en la recta final. Primero con el cabezazo de Orellana (min 83) y después con la falta directa de Nolito (90).

La balanza se equilibró en Elche con el tanto de Carles Gil cuando los ilicitanos estaban felices con el empate. «Lo más justo hubiese sido un empate, cuando teníamos más controlado el partido nos han marcado en una acción aislada. Casi no nos han llegado», se lamentaba Andreu Fontás.

El problema en esta ocasión estuvo en la definición. Porque el Celta, que ejerció un monólogo en el segundo tiempo, no aprovechó ninguna de sus doce llegadas a la portería contraria, aunque solo tuvo tres tiros entre los tres palos. A los franjiverdes les bastó con un único intento de todo el partido. «El Elche supo aprovechar su única oportunidad», se lamentaba Jonny. Los demás goles encajados en la recta final fueron intrascendentes a nivel de puntos.

La historia de los minutos finales no es nueva para el Celta, que tradicionalmente ha salido malparado de este tipo de situaciones. Le pasó mucho en los tiempos de Paco Herrera.

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