La llegada de Luis Enrique disparó las expectativas de la afición del Celta, pero la trayectoria del equipo ha rebajado la confianza en el asturiano
01 oct 2013 . Actualizado a las 17:17 h.Luis Enrique es el icono del vigente proyecto del Celta. La persona sobre la que pivota el conjunto celeste en su aspecto deportivo. Nunca la llegada de un técnico había despertado tanta expectación en Vigo, y nunca un entrenador había tenido tanta influencia, de la mano de Carlos Mouriño, en todas las decisiones del club. Sin embargo esa ilusión generada en los dos primeros meses ha sufrido un frenazo radical tras el pésimo septiembre del equipo, que solo ha sumado un punto de 12 posibles.
Lucho empeora en Vigo los números que le llevaron a ser cuestionado en la Roma. A estas alturas en el Calcio, en el curso 2011/12, los romanos tenían 11 puntos con tres triunfos, dos empates y otras tantas derrotas. Su bagaje en el Celta solo es inferior al que firmó en su estreno como técnico en el Barcelona B en Segunda B: 5 puntos después de siete partidos. Su techo está en el segundo curso con el filial culé, con 15 puntos.
Pero más allá de la cuestión estadística están los hechos. Luis Enrique, dentro de las limitaciones del equipo, ha tenido la plantilla deseada, primando en los fichajes los jugadores de ataque y con un pasado vinculado a su persona (Nolito, Rafinha, Fontás). También tuvo libertad para confeccionar su cuerpo técnico, con un único superviviente del curso pasado, Patxi Villanueva. Y al mismo tiempo, independencia total para poner en práctica su metodología y su idea de fútbol.
Y esa idea de ataque, de fútbol asociativo a partir del 4-3-3, fue bendecida desde el primer momento por el celtismo, en especial después del juego desplegado en las tres primeras jornada de Liga.
Las primeras dudas a cerca de los métodos del técnico asturiano surgieron con la ensalada de rotaciones de Getafe. Las redes sociales echaban humo con sus siete cambios para un partido que parecía ganable.
El domingo, después de la primera derrota en casa ante el Elche aparecieron los primeros pitos de desaprobación, en teoría sin un destinatario concreto, pero con Luis Enrique en el punto de mira.
Porque el juego menguante del equipo y los resultados han cambiado un clima de confianza absoluto en un mar de dudas. El sistema, la forma de juego y las formaciones se han convertido en motivos de discusión. Luis Enrique ya no parece un intocable, ha perdido gran parte de la admiración general, aunque sigue gozando de un crédito inmenso que ahora debe rentabilizar. Nadie puede olvidar que se trata de un debutante en Primera. Él también se juega su futuro en el fútbol español.