Las principales marcas apuestan por ofertar más modelos de un sistema que permite comercializar televisores de menor tamaño y precio, pero de alta calidad
07 sep 2008 . Actualizado a las 02:01 h.El plasma pierde fuerza ante el TFT y las televisiones de tubos son ya historia. Este es el panorama que se puede encontrar un consumidor que visite cualquier tienda especializada para buscar un nuevo aparato.
El tamaño y una calidad semejante es lo hace inclinar la balanza a favor del TFT (siglas de Thin Film Transistor). Es la tecnología que se utiliza para las pantallas de cristal líquido, que se están extendiendo en el mercado. Las principales marcas cuentan con una amplia gama de aparatos con este sistema. No ocurre lo mismo con el plasma, que en estos momentos solo comercializan tres fabricantes de primer nivel.
Las televisiones basadas en plasma ya solo se producen a partir de pantallas de 42 pulgadas, un tamaño alejado de las preferencias del consumidor medio, que busca aparatos de 32, los más vendidos en el mercado. Existen modelos para todos los gustos diseñados por diez empresas diferentes, además de marcas blancas. El precio medio de este tipo de aparato es de 600 euros, aunque el consumidor debe estar atento a las promociones, que incluso pueden llegar a reducir el precio en 200 euros.
El plasma y el TFT no son sistemas iguales. El primero ofrece un mayor nivel de contraste y el segundo unos negros más intensos. El plasma apareció hace cinco años, dos antes que su competidor.
Ahora, cualquier modelo básico debe incluir niveles de resolución mínimos de 1.366 por 768 píxeles, un contraste de 1900:1 y conexiones HDMI, que posibilitan la incorporación de ordenadores o videoconsolas. Todos los nuevos modelos llevan incorporado un sistema que permite la visión de la TDT sin necesidad de comprar un adaptador. La alta definición, conocida como HD, solo está presente en las gamas altas.
El precio y la calidad van de la mano. Todos los modelos cuentan con sistemas muy parecidos, pero la visión es diferente. La diferencia económica se aprecia en la calidad de las imágenes en movimiento en las gamas más caras, además de otras estéticas apreciables en cualquier expositor de una tienda especializada.
Las novedades tecnológicas llegan a las tiendas aproximadamente cada seis meses, pero incluso los vendedores reconocen que, en muchos casos, son casi inapreciables para el consumidor.