Toda España con Maribel


Hay con Maribel una extraña relación de amor odio, si no no se explica que la misma gente que fue capaz de agarrarla por el pelo, ponerla a caer de un burro y dejarla en bragas cuando salió del juzgado hace unos cuantos meses haya ido a esperarla con un «¡Olé tú!» a la puerta de la cárcel. Y somos los mismos porque, queramos o no, nos han hecho espectadores de este pequeño gran paso para su humanidad. El despliegue mediático de todas las cadenas de televisión, sin excepción, ha convertido este vis a vis entre la tonadillera y el público en un acontecimiento reconciliador, muy alejado del «dientes, dientes» que resquebrajó la relación. Porque si Isabel entró cabizbaja, demacrada, delgada y con un poncho que la encogía, salió como «primavera despierta en una ventana», con la certeza de que toda España la esperaba. En su estilo, al igual que Bárcenas, la Pantoja no defraudó... en su new look presidiario. Y se fundió en rojo por si algún despistado la perdía de vista al enfocarla. Inútil ha sido la pataleta de Arguiñano y su receta de «chorizo» por quitarle repentinamente su programa ante la reaparición estelar de la Pantoja. Todos hemos sucumbido a su poder hipnótico, desde los informativos a los mal llamados programas del corazón. Y eso que en general nos importa un pijo. En particular ha vuelto a llenar hasta la bandera.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos

Toda España con Maribel