La chica que se quedó sin ropa durante las protestas frente al Congreso de los Diputados protagoniza el desnudo más reivindicativo de la publicación
09 oct 2012 . Actualizado a las 18:42 h.Jill Love, considerada ya como la musa del 25-S, se desnuda esta semana en Interviú, un reivindicativo posado que, sin embargo, no aporta nada nuevo, después de que una fotografía de la joven sin ropa en la plaza de Neptuno diese la vuelta al mundo. La protagonista de la nueva portada de Interviú es ya un rostro conocido para los lectores y los telespectadores. Su reivindicativo desnudo concentró cientos de cámarás y miradas durante las protestas del Congreso de los Diputados y, ahora, la ha catapultado directamente a la primera página de Interviú. Jill Love es directora, productora y guionista de cine, pero su salto a la fama se produjo cuando, durante la protesta, la joven decidió despojarse de su ropa y arrodillarse ante la policía y comenzar a rezar, con los ojos cerrados, a la diosa egipcia Isis, tratando de frenar la lluvia de botellas y cargas policiales.
Con mensajes de paz pintados en su cuerpo desnudo, Jill Love, joven activista, modelo y nudista, promulga en Interviú que no tenía nada preparado y que fue un acto completamente espontáneo tratando de calmar la violencia. «Unos manifestantes o infiltrados tiraron botellines a la policía y cargaron contra nosotros, era una situación de mucha violencia y tuve un instinto de hacer algo para apaciguar los ánimos. Me quité el abrigo, la camiseta y el sostén, que me lo até a mi cintura. Me acerqué al cordón policial y me arrodillé ante ellos», detalla Jill Love en Interviú.
Jill Love ya había protagonizado con anterioridad alguna sesión de fotos desnuda explotando su faceta como modelo y su físico.
La revista Interviú también hace un hueco en sus páginas al héroe de las protestas, Alberto Casillas, un camarero madrileño que hasta hace cinco años vivía emigrado en Venezuela y que tras el 25-S se ha convertido en un héroe. Con 46 años, se enfrentó él solo a un grupo de antidisturbios que pretendían entrar en su cafetería, situada frente al Museo del Prado, para detener a varios manifestantes.