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La expedición francesa localiza fugas en algunos de los bidones de la fosa atlántica

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Flotte Océanographique Française - Campagne NODSSUM

Los expertos creen que son «probablemente de alquitrán» porque no hay lecturas de radiación excesiva

11 jul 2025 . Actualizado a las 21:47 h.

La expedición francesa Nodssum ha terminado su trabajo de investigación y la conclusión es que hay 3.350 bidones con residuos radiactivos en la fosa atlántica y en algunos hay fugas. La parte positiva es que no hay lecturas de radiación excesiva y que probablemente lo que pierdan sea alquitrán que sirvió para rellenar los bidones en su momento.

El trabajo realizado por la expedición ha permitido evaluar de una manera «preliminar e incompleta» el estado de los depósitos, situados algunos a 4.700 metros de profundidad. El trabajo concluye que los bidones presentan un estado de conservación poco homogéneo, «con superficies corroídas y colonización por anémonas», en algunos casos. También detectaron fisuras abiertas en los bidones y fugas de material «visibles» en algunos de ellos, «de naturaleza desconocida, probablemente alquitrán».

La expedición, que ha contado con 20 científicos franceses, noruegos, alemanes y canadienses, ha empleado el robot submarino Ulyx para fotografiar los bidones. Estos proceden de Francia, Reino Unido, Suiza, Alemania y Países Bajos, países que descargaron estos desechos radiactivos en la fosa atlántica, en aguas internacionales, desde la década de 1940 y más allá de la prohibición formal de estos vertidos, en 1993. Estos bidones arrojados al mar con restos contaminados eran rellenados con cemento o alquitrán.

Según la nota de prensa de Nodssum, en esta expedición se tomaron 345 muestras de sedimentos, 5.000 litros de agua y varios animales de las profundidades marinas y «las herramientas de medición de protección radiológica indican valores al mismo nivel que el ruido de fondo ambiental», explican.

La recogida de muestras no es la fase final del trabajo, ya que ahora llega el momento de analizarlas en laboratorio, para obtener unos datos «aproximadamente 100 veces más precisos» sobre radiactividad.

La misión, respaldada por el Instituto Francés de Investigación y Exploración del Mar (Infremer) partió de Brest el 15 de junio y regresó ayer jueves tras explorar una amplia zona situada a unos 600 kilómetros de la costa francesa desde la ciudad de Nantes en busca de estos bidones.

«Nos ha impresionado la cantidad de bidones que pudimos observar y el tamaño del área», señaló Patrick Chardon, especialista en radiactividad en el medio ambiente del Laboratorio de Física de Clermont-Auvergne, en la rueda de prensa recogida por Europa Press. Este experto indicó que los bidones están en aproximadamente 163 kilómetros cuadrados, unos 20 bidones por kilómetro cuadrado.

El robot submarino autónomo Ulyx ha realizado la que es su primera misión científica real con éxito. «Nos ha sorprendido la calidad de lo que nos envió el sonar. Podemos ver los bidones perfectamente con la imagen acústica. Es una grata sorpresa», añadió.

En cuanto a la posibilidad de recuperar estos bidones, Chardon dijo que es «técnicamente viable, pero el coste de la operación sería astronómico, por no mencionar el riesgo de que los bidones se desintegren en el proceso». «Una sola inmersión lleva cuatro horas, así que imaginen cuántos viajes harían falta para sacar 200.000 bidones», concluyó.

Está prevista una segunda campaña en 2026 o 2027 que permitirá tomar muestras en las inmediaciones e incluso de los propios bidones gracias al robot teledirigido Victor o al sumergible Nautile. «Tenemos mucho trabajo por delante para analizar los resultados y escalar esta campaña», ha apuntado Chardon. Greenpeace calcula que se depositaron unos 220.000 bidones con residuos radiactivos en la zona, en lo que califica como «punto con mayor cantidad de residuos radiactivos del planeta».

En 1982 cuando el buque Sirius de Greenpeace, junto a barcos gallegos, se enfrentaron a buques neerlandeses para que detuvieran sus descargas. Tras esta acción, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, el Gobierno de Países Bajos anunció la interrupción de los vertidos nucleares al mar.

Diez años mas tarde, en 1993, se firmó el Convenio para la Protección del Medio Ambiente Marino del Atlántico Nordeste, prohibiendo el desecho de los residuos nucleares de baja y media intensidad. En 1994, el Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional vetó cualquier vertido radiactivo al mar.