José Luis Seoane Spiegelberg: «Nunca recibí una presión externa»

GALICIA

PACO RODRÍGUEZ

El magistrado del Supremo, ahora viviendo a caballo entre Madrid y A Coruña, no oculta su pasión deportivista y admite que su gran alegría son sus nietos

15 oct 2021 . Actualizado a las 13:26 h.

Sin la toga, en vaqueros y con un chaleco acolchado, José Luis Seoane Spiegelberg (A Coruña, 1957) no parece un magistrado del Supremo. Y cuando habla, tampoco. Parece lo que es, un jurista con vocación didáctica, próximo y cordial.

-Nació usted un 8 de mayo.

-Sí. Somos tres hermanos y nacimos los tres el 8 de mayo.

-Grandes fiestas de cumpleaños.

-Sí, bárbaras, ja, ja.

-Vive entre Madrid y A Coruña. Menudo trajín.

-Lo llevo bien.

-Seguro que más tranquilo en A Coruña.

-Hombre, la calidad de vida que se tiene en A Coruña es mucho mejor que la de Madrid.

-Sigue apegado a su ciudad: es presidente de la Academia de Jurisprudencia, da clases en el máster de Abogacía...

-La enseñanza es algo que me gusta mucho. Quizás por el gen paterno. Nosotros teníamos la Academia Galicia, que fue una institución de enseñanza que formó a generaciones de coruñeses. Lo de la Academia me ha hecho ilusión porque es un reconocimiento de los compañeros, que agradezco. Es un reto personal y un honor grande, porque supone sustituir a dos grandes juristas: Manuel Iglesias Corral y a García Caridad. Solo hubo dos presidentes en la Academia, porque es un cargo vitalicio, aunque queremos cambiar eso.

-Ahora que está en Madrid, ¿entiende un poco mejor ese bloqueo a la renovación de los órganos de Gobierno?

-La renovación del CGPJ es una cuestión política que perjudica a la imagen de la Justicia. Pero puedo garantizar que en el ejercicio de la jurisdicción de jueces y magistrados en nuestra función de juzgar y ejecutar lo juzgado, somos independientes y no recibimos presiones externas. Yo llevo 40 años de juez y jamás he recibido presión de ninguna clase. Eso lo debe saber la ciudadanía, porque es así.

-Durante la pandemia hemos asistido a resoluciones contradictorias de los tribunales ante situaciones casi idénticas.

-Eso es inherente a la lógica del Derecho, que no es matemática sino que es la lógica de lo humano y de lo razonable. Nosotros no podemos verificar nuestros resultados y esa es la gran angustia que tenemos los juristas y que nos persigue toda la vida. Un médico dicta un tratamiento, cura a un paciente y acertó. Nosotros no tenemos esa certeza. En el Derecho no podemos buscar la exactitud. Eso lo pueden dar las matemáticas, nosotros no.

-Spiegelberg. Seguro que hay una historia tras ese apellido.

-Hombre, sí, ja, ja. El apellido proviene de mi bisabuelo, que en el último cuarto del siglo XIX llegó a España, se enamoró de una madrileña, se casó con ella, tuvo siete hijos y la familia ya se quedó aquí.

-Alguna vez le habrán llamado Spielberg...

-Más de una. Lástima que no sea de mi familia, ja, ja.

-¿Le gustan sus películas?

-Psé. Prefiero el thriller psicológico. Esas son las películas que más me gustan.

-¿Alguna vez le pusieron una multa?

-De tráfico. Alguna vez, sí. Pero pocas. Tengo todos los puntos en el carné.

-¿Viaja a Madrid conduciendo?

-No. Normalmente voy en avión.

-¿Es más difícil estar en el Supremo, pesa más la responsabilidad?

-Evidentemente, la carga de responsabilidad existe. Fijamos unos criterios que deberán ser respetados por los órganos jurisdiccionales inferiores.

-No sé si me gustaría a mí ir aumentando mis responsabilidades...

-Pero la profesión de juez es así. Te obliga a asumir responsabilidades y tomar decisiones, que es lo que más les cuesta a las personas.

-Se habrá ido mal a la cama alguna vez.

-Hombre, pues sí. Hay asuntos que te llevas contigo y que sigues llevando porque son situaciones muy desagradables que has tenido que vivir.

-¿Siempre quiso ser juez?

-Mi gran dilema fue estudiar Medicina o Derecho. Estuve dudando hasta el último instante. Pero en cuanto empecé la carrera, nunca dudé en que quería ser juez.

-El debate sobre el uso de la toga es un clásico. ¿Usted qué opina?

-La toga es una tradición de muchos años y supone un respeto hacia el ciudadano en tanto en cuanto a las personas se las juzga con absoluta seriedad.

-¿Le gusta el fútbol?

-Sí, me gusta mucho.

-Será del Dépor.

-Hombre, ¿de cuál voy a ser? Además, viví la época gloriosa del Deportivo, vi los grandes partidos de la Champions desde el campo y celebré las copas y la liga. También estuve el día desgraciado del penalti de Djukic. Al día siguiente, la ciudad parecía estar en una depresión colectiva.

-No hay sitio más propicio para perder las formas que un estadio de fútbol. ¿Se dejó llevar alguna vez?

-Por la emoción, pero creo que siempre desarrollé un comportamiento correcto, ja, ja. Además, entrené a un equipo de Tercera Autonómica, lo ascendí a Segunda y ya me retiré.

-Entonces seguro que también jugó.

-En la época universitaria. Con mi colegio mayor.

-Intente autodefinirse en pocas palabras.

-Yo creo que soy una persona responsable, flexible y que siempre intento adoptar como pauta de comportamiento el respeto a los demás. Es algo que mi padre me inculcó siempre.

-¿Tiene nietos?

-Cuatro.

-¿Y qué tal lo lleva?

-Extraordinariamente bien. Mis nietos tienen una lógica de la ingenuidad que me supera. La vida te va dando alegrías y en esta última etapa, son los nietos. Disfruto mucho con ellos y, cuando los tenga, le pasará lo mismo.

-¿Cómo les explica Galicia a los madrileños?

-Desde luego, la morriña existe y los gallegos somos gente que apreciamos mucho nuestra tierra. Me gusta mucho la forma de pensar del gallego: es listo y responsable. El depende es síntoma de inteligencia. Y la retranca también.

-Aparte de estar con los nietos, ¿qué le gusta hacer cuando tiene tiempo?

-Leer, pasear, hablar con el hombre que uno lleva consigo, como decía Machado. Me gusta el fútbol, soy abonado de la Sinfónica... cosas normales.

-Dígame algo que se le dé mal y que le gustaría corregir.

-Buf!

-Bailar, por ejemplo.

-No. Bailar no se me da mal. Cocinar. Hago mis pinitos pero no lo domino. Ahora que estoy en Madrid intento cocinar, pero no. No es la gracia que me dio el cielo.

-Dígame una canción.

-Yesterday, de lo Beatles, por ejemplo.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La tolerancia. Intentar comprender a cada uno en sus circunstancias; tener capacidad de dudar.