«Caminar nunca me gustó»

Sara Pérez Peral
Sara Pérez LA VOZ

GALICIA

MARCOS MÍGUEZ

Pionera del atletismo gallego y de hockey hierba, ahora Nela Souto ve desde la comodidad del sofá de su casa el sacrificio y la dureza de las competiciones en los ojos de las nuevas generaciones de atletas

29 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un día empezó a correr y ya no pudo parar. A Nela Souto (A Coruña, 1943) las pistas de atletismo le enseñaron a sufrir, a intentar superarse cada día y a no dar nada por sentado. Una filosofía de vida con la que convive cincuenta años después de retirarse. Esas mismas calles también le presentaron al que se convertiría en su marido. Se lo dieron todo y luego se lo quitaron. Porque Nela dejó de competir con tan solo 24 años, pues el trabajo de su compañero de vida así se lo requería. «Me casé y tuve que dejarlo, pero no lo hice con pena. Mi marido viajaba mucho», explica. Tomó la decisión también convencida de que más pronto que tarde llegaría el día en que tendría que despedirse de las pistas porque, en los sesenta, ser atleta «no te daba de comer». Había que trabajar.

Nela Souto fue una de las pioneras del atletismo en Galicia. El camino todavía estaba por recorrer. Ella tenía 19 años y unos padres muy adelantados al tiempo que vivían que le permitieron dedicar su tiempo a lo que realmente le entusiasmaba. Ya a los 13 se había iniciado en el hockey, disciplina que también le trajo muchas alegrías, tanto en la modalidad sala como en hierba. Y desde su primera prueba en las pistas del estadio de Riazor, en la que superó todas las expectativas que en ella tenían puestas, tuvo que «escoger muchas veces entre papá y mamá: competir en atletismo o en hockey», recuerda. Sus piernas funcionaban a otras velocidades, por eso admite que «caminar nunca me gustó», y explica que para ir a trabajar siempre cogía el autobús.

El trabajo de su marido los mantuvo lejos de A Coruña, a donde no pudieron regresar hasta su jubilación. Pero Nela, o Marianela, como la llamaba su padre, siempre tuvo claro que sus hijos nacerían en territorio coruñés: «Nací yo y mis hijos también, que para algo era su madre y podía decidir. Yo decía: ‘‘Aunque sea en el puente del Pasaje, pero tienen que ser coruñeses''».

Ricardo y Lucía. A los que, de algún modo, quiere dejarles el recuerdo de quién fue su madre, que no fue otra que una campeona. Con todas las letras. Souto triunfó en el campeonato de España de atletismo de 1964 en 100, 200 y 4x100 metros. Ese es su mejor recuerdo. «El gaiteiro que acompañaba a Fraga tocaba el himno cada vez que me subía al podio. Fueron tres veces», comenta. Más títulos la acompañan, como las veintiuna veces que fue internacional en hockey hierba o los dos campeonatos de España de hockey sala. También jugó un campeonato del mundo. «Y subcampeona de cros, que siempre se me olvida», dice.

Lo único que recibió de vuelta del atletismo fueron las 480 pesetas que le dieron en un campeonato en Bruselas. «Y lo hicieron porque los chicos lo habían hecho muy bien», explica. Por eso nunca pensó que podría dedicar su vida a su afición: «Lo vi tan imposible...».

Ahora, Nela Souto vive sin reloj, sin nada que condicione su tiempo. Tan solo tiene que doblar la esquina de su calle para llegar a su sitio favorito, en Matogrande: su cafetería. Así se refieren sus amigas al bar al que acude todos los días a leer una novela mientras toma un café. Solo tiene que decir tres palabras: «Lo de siempre».