La cárcel que evitó el covid con pedagogía

Javier Romero Doniz
Javier Romero TEIXEIRO / LA VOZ

GALICIA

Iván, en su celda, valora las muchas medidas tomadas para tranquilidad de todos los reclusos ante las noticias que llegaban de motines en Italia
Iván, en su celda, valora las muchas medidas tomadas para tranquilidad de todos los reclusos ante las noticias que llegaban de motines en Italia V'ITOR MEJUTO

Teixeiro supera los 13 meses de pandemia sin contagios entre sus 1.100 internos, mucho diálogo y más de 5.000 movimientos de presos entrando y saliendo

29 abr 2021 . Actualizado a las 19:19 h.

Iván todavía sueña con golear, junto a Bebeto, para el mejor equipo que ha dado su provincia. Salta cada día a la cancha del patio, también la observa, al acostarse y levantarse, desde la ventana de su celda. Entre fríos barrotes y recuerdos de adolescencia en Riazor. Viste mascarilla, chándal y sudadera con capucha. Cumplió la primera condena en La Modelo, Barcelona; la segunda, a sus 40 años, en el penal de Teixeiro, A Coruña. 1.195 celdas y 1.100 internos, ninguno contagiado por covid en 13 meses de pandemia. «Inicialmente, como nuestras familias fuera, tuvimos miedo. Honestamente, ¡no pensamos que llegaría! Y eso que nos informábamos en la sala de ordenadores. Pero luego entendimos que, paradójicamente, teníamos más libertad que en la calle... Nosotros aquí, al fin y al cabo, éramos convivientes. Una familia entera».

Una de las celdas de Teixeiro, en el módulo 1.
Una de las celdas de Teixeiro, en el módulo 1. V'ITOR MEJUTO

Iván ocupa la celda 15 del módulo uno, bautizado Nelson Mandela. Un espacio gestionado por los mismos presos, de perfil amable y buena conducta. Iván lo relata en su celda, igual a las otras 1.194 de Teixeiro. Somier metálico con colchón y la posibilidad de colocar otro, a modo de litera. Mesa, televisión, estantería para libros, corcho para recuerdos, armario de baldas con cortina de mimbre y zona de aseo. Todo metalizado, nada de cerámica. Espejo, ducha y un tendal para prendas íntimas, única prenda que no admite la lavandería.

Trabajadores del penal transportando ropa sucia.
Trabajadores del penal transportando ropa sucia. V'ITOR MEJUTO

José Manuel, jefe de servicios del penal, observa a Iván desde la puerta. 35 años pateando galerías de prisión: 20 en Bonxe, Lugo, y 15 en Teixeiro. Ha visto de todo y lidiado con presos de cualquier pelaje. «Pero nada como la pandemia. Pasamos mucho miedo, pero ellos encajaron muy bien. Se hicieron muchas reuniones informales, se trabajó a conciencia con ellos y eso sentó unas bases de colaboración. Creo que se puede hablar con los internos, siempre lo creí y apliqué. La películas crean estereotipos que hace tiempo que no son reales». José Manuel pone igualmente en valor a la plantilla, y saca pecho al revelar que el contagio cero ha sido posible tras 5.000 movimientos de presos para asistir a juicios, traslados entre cárceles o consultas médicas

Uno de los accesos ajardinados entre edificios.
Uno de los accesos ajardinados entre edificios. V'ITOR MEJUTO

Ocupación plena

Alejandro conoce cada palmo del Nelson Mandela. Acaba de ascender a encargado del economato tras afrontar los 13 meses de pandemia como coordinador del módulo. También aprovechó los últimos años para licenciarse en Derecho por la UNED, y ahora cursa Criminología. «Buscamos la plena ocupación. Organizamos actividades y un itinerario personalizado que realiza el equipo de inclusión de la Xunta. El módulo se divide en grupos, cada uno presidido por un responsable. Todos dependemos del coordinador del módulo». Pero no cada preso que llega a Teixeiro pueden instalarse en el Nelson Mandela.

Hay que cumplir un perfil muy concreto, como ser la primera vez en una cárcel y no afrontar una condena demasiado larga. «Aquí no se discrimina por delito. El ambiente es bueno, lo verá», añade Alejandro mientras hace de guía por los talleres y la biblioteca. Pablo es su encargado, y a la vez asiduo del aula de música. Afina sus dedos mirando una foto de Camarón colgada en el corcho: «Aprovecho para recuperar lo que aprendí hace muchos años, me hace sentir bien y paso las horas». Talleres de marquetería, carpintería, de hilo o de reciclaje con papel de prensa, para hacer desde jarrones a lapiceros son otras alternativas. Tratando siempre de usted, cediendo el paso y mirando a los ojos del interlocutor. 

Sala principal de seguridad del penal coruñés.
Sala principal de seguridad del penal coruñés. V'ITOR MEJUTO

Pared con pared

Desplazarse por cualquier módulo de Teixeiro implica esperar a que se cierre una puerta para que se abra la siguiente. El módulo 2 comparte edificio con el Nelson Mandela. Dos mundos separados por un muro. Se percibe otro ambiente, también otros rostros, muecas, formas y miradas de reojo. Todos hombres, solo una mujer, Mercedes, destaca entre ellos. Uniformada y tranquila se desliza por el sala entre partidas de cartas, corrillos y humo con nicotina. «No intimidan, llevo demasiado tiempo, todos llevamos mucho tiempo y es nuestro trabajo. Ellos fueron los primeros que supieron escuchar, entendieron que el virus era igual de malo para nosotros. Se hicieron muchas asambleas, el director se reunión con ellos, nosotros y educadores. Se hizo todo lo posible y ellos lo vieron, entendieron y agradecieron».

Locutorio de la cárcel, con tres internos esperando visitas.
Locutorio de la cárcel, con tres internos esperando visitas. V'ITOR MEJUTO

El discreto trabajo en la farmacia y la enfermería supone otro puntal para aislarse del covid. Isabel, supervisora de la enfermería, confiesa que sería imposible contabilizar los test de antígenos y PCR hechas. El director del centro, José Ángel Vázquez, observa todo. Va y vine, entra y sale, le llaman, llama, y sus compañeros dice que «a cabeza non lle para». Él echa balones fuera: «El factor suerte ayuda, se pueden aplicar todas las precauciones del mundo y tener un brote por cualquier despiste o hecho fortuito. Hasta ahora no podemos quejarnos, y sí dar las gracias a los funcionarios e internos por su estrecha colaboración».

Los presos más violentos en Galicia

Javier romero

Joseba Blanco Bautista vive desde el 2008 en prisiones. Ni un permiso de salida ha tenido, desde entonces, por sus reacciones violentas. Principalmente a cabezazos o puñetazos. Cinco funcionarios del penal de A Lama, el 13 de febrero, fueron las últimas víctimas. Iban a registrarlo y se negó, consideró que no había motivo. Lo siguiente fue liarse a mamporros causándoles lesiones de consideración. Algunos, incluso, acabaron en urgencias. Pero la reacción de Joseba Blanco no se considera eventual. En el 2010, también en A Lama, la emprendió a golpes con más funcionarios. Igual que en el 2011, en Zuera (Zaragoza), o en el 2012, en Teixeiro. El prototipo de reo asentado en la catalogación de primer grado, más por su conducta carcelaria que por delinquir fuera.

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