Ana Pontón se reivindica como una «rapaza de aldea» que quiere ser presidenta

La candidata del BNG viajó a su infancia, en Chorente, Sarria, para presentar a sus mejores asesores de campaña, sus padres: «É boa persoa, traballadora, honesta e honrada», dice su madre. Allí recordó que hasta quiso ser monaguilla

Ana Pontón, junto a sus padres, esta mañana en la casa familiar de su aldea en Sarria
Ana Pontón, junto a sus padres, esta mañana en la casa familiar de su aldea en Sarria

Sarria

En una casa humilde de piedra adosada a la iglesia parroquial de Chorente (Sarria), rodeada de gallinas y vacas, arropada por su familia y acompañada por su amigos, con los que corría libre por las corredoiras de la aldea, se crio Ana Belén Pontón Mondelo desde  1977, «unha rapaza de aldea», se definió que ahora aspira a ser la presidenta de la Xunta. Quizás para ofrecer su imagen más íntima y cercana, quizás para romper con ese rol urbanita que imprime la moqueta del Parlamento de Galicia, o quizás porque es mamá y ese acontecimiento siempre acerca a los orígenes, la candidata a la presidencia de la Xunta por el BNG, Ana Pontón, quiso desplazarse en el primer día de campaña a su tierra natal y abrirle a los gallegos la casa de su infancia y de su adolescencia, acompañada de sus padres, Luís y Aurita. No pudo encontrar mejores asesores de campaña. Su madre, si bien reconoció que Ana Belén había sido traste de pequeña, aseguró que su era «boa persoa, traballadora, honesta e honrada» y por eso «eu diríalle aos galegos que lle deran unha oportunidade, que non se ían arrepentir». Su padre, más callado, le acompañaba. «Ela polo pai ten paixón e sempre foi o seu olliño dereito, consentíalle todo», decía Aurita para justificar el silencio de su marido.

Ante una mesa improvisada donde había sido el palleiro de la casa y bien surtida de productos propios de Sarria (como la torta de almendras y castañas), o de la despensa de los Pontón (como los embutidos ahumados), Ana Pontón quiso expresar orgullo por sus orígenes: «Para min, estar un mes sen vir aquí e quitarme unha parte de min mesma», aseguró.

Junto con sus padres, rememoró su infancia. La habitación compartida con la abuela «porque non había para todos», las caminatas hasta la escuela a un kilómetro de distancia, los estudios, «porque aínda que estea mal dicilo, eu sempre fun estudiosa e sacaba boas notas» y, sobre todo, el ejemplo y los valores de una familia humilde que poco a poco fue progresando para dar una educación a su cuatro hijos. 

La casa de Chorente la hizo, en 1904, el bisabuelo de la candidata nacionalista, que era constructor. «Fixo máis, as máis bonitas da aldea», dice la nieta orgullosa. Su padre pasó unos años emigrado en Bilbao, pero no tardó en casar con una vecina de otra aldea cercana a la que conoció auna fiesta y con la que tuvo cuatro hijos. Ana es la tercera, la mayor de las dos mujeres de la  famila Pontón Mondelo. El trabajo del padre en la fábrica de Oural, las labores domésticas y del campo, la escuela, la iglesia y el movimiento cultural y revindicativo que la candidata nacionalista conoció posteriormente en el instituto de Sarria marcaron su temprano compromiso con el nacionalismo gallego y su inclinación por la política. «Desde os 16 anos tiven inquedanzas por cambiar as cousas», admitía. 

A Ana Pontón, contaban sus allegados, no le valía un no por respuesta. Hasta quiso ser monaguilla, y aunque el cura se resistía, cuando no encontró ningún chico dispuesto, aceptó a las mujeres. «Nunca entendín por que os homes podían ir pescar e nós non, ou por que se nos discriminaba por falar galego. Había que cambiar esa realidade», pensaba. Ante los periodistas, confesó que nunca se le había pasado por la cabeza llegar a ser candidata a la presidencia de la Xunta, y ahora se ve con fuerza para lograrlo. También por el futuro del rural. «Todos os países avanzados do mundo teñen un rural moi potente, nós non podemos ser só a reserva de Ence», dijo al final de un almuerzo informativo en el que, acompañada de los suyos, sentenció: «Eu tiven a sorte de nacer aquí».

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