Los 3.000 kilos de cocaína en Arousa se requisaron sin ayuda internacional

La operación LINCE se gestó con información de la calle al margen de agencias antidroga


VIGO / LA VOZ

Una investigación de pico y pala. De las que ya pocas veces se ven a este lado del Atlántico. Sin la ayuda internacional de otras poderosas agencias antidroga y valiéndose de información propia de la calle obtenida aún a riesgo de contraer el COVID-19. Así se escribe la sinopsis del primer gran alijo del 2020 en Galicia, una partida que acabó cayendo en la ría de Arousa sin conocerse previamente las coordenadas que posicionarían el buque nodriza o a las lanchas. Tampoco hubo agentes encubiertos o entregas pactadas, fue todo mucho más directo. Y hubo que mojarse, literalmente, para pescar los fardos. De ahí la singularidad de la bautizada operación LINCE, compartida entre la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional y del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidrogas (EDOA) de la Guardia Civil, ambos de Pontevedra, y con Vigilancia Aduanera ya en las persecuciones y aprehensiones en la ría.

El verano pasado se dio otra investigación similar del ECO Galicia de la Guardia Civil, también en O Salnés. Cayeron 500 kilos y se desmontó una organización de la cabeza a los pies. Ya en el 2018, el Greco Galicia de la Policía Nacional hizo lo propio en las operaciones Mito y Barranca Bermeja, dos trabajos impecables que dinamitaron sendas organizaciones internacionales.

Dos opciones

El debate lleva semanas sobre la mesa. El planteamiento, de inicio, planteaba dos alternativas: ¿Respetará el narco el confinamiento o se lo saltará para hacer de las suyas? La respuesta, ahora, resulta evidente. El mejor ejemplo son los dos detenidos en la madrugada del sábado. Un ciudadano gallego y otro extranjero, de Perú, no de Colombia, como trascendió inicialmente. Casualidad o no, el origen del buque mercante que transportó el alijo también procede de Perú. Lo que nadie puede negar es que ambos incurrieron en un doble atentado contra la salud pública. Tanto por la droga que ansiaban descargar como por el riesgo de portar y transmitir el COVID-19.

Pero el trabajo de calle, desde el inicio del confinamiento, evidencia que sospechosos de importar grandes cantidades respetaban el estado de alarma refugiándose cívica y responsablemente del coronavirus, y de quienes los investigan. «Pero no porque el decreto que lo prohíbe, porque estos nunca respetaron nada. Lo hacen por una cuestión muy sencilla: ahora resulta casi imposible reunirse, es muy cantoso una cita de tres personas en un descampado, cada una moviéndose en su coche. Y eso de día, imagine de noche con controles», explican en el Grupo de Respuesta contra el Crimen Organizado (GRECO) en Galicia de la Policía Nacional, que mantiene la actividad al 100 % con la única diferencia de que aplican turnos más escalonados para respetar las distancias de seguridad.

«Se aprovecha para hacer mucha inteligencia, revisar cuestiones que por el día a día no tienes tiempo. También muchos informes para el juzgado, igual de importantes para el avance de las causas», añaden en el Equipo contra el Crimen Organizado (ECO) en Galicia de la Guardia Civil. Ambas unidades de élite mantienen la misma actividad, con la diferencia de que el Instituto Armado apuesta en mayor medida por el teletrabajo. Igualmente van de la mano al valorar que la actividad judicial sigue su curso «gracias al compromiso de los jueces y fiscales que se implican en estas causas tan concretas y que no permiten que se enfríen».

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Operación antidroga en la ría de Arousa en pleno confinamiento Incautadas tres toneladas de cocaína tras una persecución de madrugada

A pie de calle

El teletrabajo resulta esencial, igual que las salidas a la calle siempre que las circunstancias lo requieran. «Se ve poco movimiento, parece que se respeta el confinamiento. Es mucho riesgo para ellos, pero también para nosotros. Se nos detecta mucho más fácilmente. Si se plantea una descarga en A Illa o en O Terrón y en As Sinas (ambos en Vilanova de Arousa), con tres personas lo tienen resuelto. Una vigilando en la carretera de Cambados a Vilagarcía, otra en la recta de A Illa y otra en O Terrón. Así nos ven llegar con tiempo», revelan en la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de Pontevedra.

La vía judicial es otro polvorín dado el estado de alarma. A la carga de trabajo ordinaria, en el caso de la Fiscalía Antidroga de Pontevedra -que concentra los casos relevantes- se está recibiendo una avalancha de peticiones de puesta en libertad de presos provisionales por el COVID-19. Ya los jueces implicados en procedimientos así de complejos venían haciendo lo que podían. «Con el problema añadido, desde esta semana, de no contar con sus funcionarios tras prohibirse su acceso a los jugados», explica uno. A mayores, los funcionarios de guardia tampoco acceden a estos expedientes por tratarse de causas secretas, por lo que casi todo el trabajo se concentra ahora en secretarios judiciales, jueces y fiscales, los únicos habilitados técnicamente para teletrabajar.

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