El monte se engulle un molino del siglo XIX

La maleza ha terminado por ocultar una aceña decimonónica trasladada durante las obras del AVE en una parroquia de Arteixo


a coruña

Había un molino en el lugar de Uxes, en la parroquia arteixana de Morás, que dio de comer a decenas de familias desde el siglo XIX. Una joya arquitectónica que dejó de moler, pero no de molar. Era parte del paisaje. Hasta que llegaron las obras del AVE y sus vías debían pasar justo por donde la aceña llevaba desde que Fernando VII era el rey de España.

Así que el entonces Ministerio de Fomento (hoy Transportes) se encontró con una piedra en el camino. Era pequeño. Una mincha de molino. Pero gozaba de protección autonómica al estar catalogado como pieza fundamental de la rica arquitectura autóctona. Así que quitárselo de encima con un sopapo de excavadora no era solución. Sería un atentado. Además, el ministerio siempre presumió de conservar y proteger todas las joyas arquitectónicas que surgen a su paso. El molino centenario de Uxes no iba a ser la excepción. Así que los responsables de las obras del AVE se pusieron en contacto en el 2016 con los siete propietarios de la construcción, y los tranquilizaron. Prometieron cuidar la edificación hasta el exceso, trasladarla como si llevaran entre las manos un jarrón de porcelana e, incluso, dejar todo mejor de como se lo encontraron.

Dicho y hecho. El molino apareció radiante semanas después. Limpiaron la piedra hasta sacarle brillo. Pero había un pero. Un pero muy grande: lo sacaron del cauce que le daba agua y lo pusieron en una zona tan seca como una hoja de bacalao.

Vamos, «que lo mataron», dice uno de sus propietarios. Pero todo hay que decirlo. A los dueños no les saltó ni una lágrima. «Llevábamos años sin utilizarlo, así que poco más da que tenga o no tenga agua», cuenta Manuel, uno de los que trabajaron en este molino durante años.

Una mirada al pasado

Lo que les preocupa más es el futuro, pues «no quita que a próximas generaciones se les dé por ponerlo en funcionamiento para aprender cómo se molía la harina en tiempos de sus tatarabuelos».

Y aunque el agua ya no mueve el molino, el problema ahora es otro. Porque la joya decimonónica desapareció. No se ve. Como si se lo hubiese comido la tierra. Está en mitad del monte y los árboles y la maleza lo mantienen escondido. Hoy, es más fácil llegar al él perdiéndose que orientándose. Uno tiene que ir acompañado de un vecino de toda la vida, caminar un trecho pisando helechos y tropezando con ramas hasta toparse con él. Bueno, con su mitad. Porque la vegetación ya le llega más allá de la cintura y apenas se divisa su tejado y las piedras superiores.

Un traslado «con mimo», piedra a piedra, a un lugar al que ahora no se llega ni se ve

Este molino dio de comer a muchísimas familias en el pequeño lugar de Uxes. Pertenecía a siete familias, que se repartían el molino durante la semana. El lunes lo trabajaba uno, el martes otro y así, hasta cumplir la rotación. Molían tanto para disfrute personal como para vender. Hasta que llegó el progreso y el pan empezó a llegar a Uxes en furgoneta.

Así que el molino, poco a poco, fue cayendo en el olvido. Hasta su completo abandono. «Vai máis de trinta anos que ninguén o traballa. Sempre se comentou volvelo a poñer a funcionar para recuperar a tradición, pero agora, como non levemos unha regadeira, mal o imos a ter», bromea José.

Cuando se produjo el traslado, piedra a piedra, los responsables de Fomento se mostraban satisfechos. Tampoco es que los vecinos criticaran la acción. Con tal de que no se lo derribaran, ya quedaban contentos. Los responsables de las obras del AVE decían entonces que la mudanza del molino se llevó a cabo tal y como habíamos convenido con los propietarios, tratándose de un edificio fuera de funcionamiento y completamente abandonado». Aun así, se procedió a su rehabilitación y traslado para no interferir en las obras de esta importante infraestructura, cuidándose hasta el más mínimo detalle. Hasta que la naturaleza quiso.

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