Ursicino Martínez: «Somos como una droga»

El veterano fisioterapeuta, que descarta por el momento jubilarse, es un gastrónomo y un gran viajero


Ursicino Martínez (León, 1950) tiene un poder en las manos que no le vino por ciencia infusa, sino que lleva toda su vida cultivando. Pionero de la fisioterapia en Galicia, acaba de cambiar de despacho para aliviar junto a su hija todos esos dolores que genera la vida de moderna.

-No se jubila.

-Tengo la edad, pero no me he jubilado. Estoy en el modelo de jubilación activa, ja, ja. Quiero que mi cabeza siga como hasta ahora. No me veo sin hacer nada.

-Pero ha cambiado de consulta.

-Hemos abierto una nueva clínica con nuevas perspectivas. No se puede ofrecer calidad con masificación y con precios bajos. Buscamos atender con tecnología punta.

-Yo pensaba que la tecnología punta eran sus manos.

-Me refiero a la tecnología como ayuda.

-Cuando toca a alguien, ¿es como si lo viera por dentro?

-No se puede hacer un buen tratamiento si no se tiene de antemano una clínica un poco potente. La palpación dice mucho, pero yo, en lo que más creo, es en lo que me cuenta el paciente.

-Yo no soy usuario, pero a la gente que conozco que va al fisio, luego ya no lo deja. Esto es como una droga.

-Yo tengo clientes que vienen un día a la semana porque pasaron por un problema y dicen «A mí ya no me pescan en otra». Sí, somos como una droga, como la heroína porque quitamos el dolor y relajamos. Y escuchamos.

-Ya. La gente en la camilla, se suelta.

-Si adquieres confianza, no te cuentan sus problemas íntimos, pero sí su día a día, o las consecuencias de sus lesiones.

-¿También trata a políticos?

-Sí.

-¿Y quienes son más quejicas? Porque ustedes también machacan.

-Yo ahí difiero. Nadie que quiera curar una muela escarba. Si se puede hacer sin dolor, no se machaca. Con respecto a los quejicas... Yo no lo definiría así, los políticos tienen más prisa, requieren más inmediatez; los deportistas, que son personas que practican deporte por encima de sus posibilidades, esos sí admiten que les dé caña. Los empresarios son más fáciles de llevar.

-¿Y entre hombres y mujeres?

-Yo creo que esto va más con las personas, indistintamente si son hombres o mujeres. Tal vez ellas hablan algo más en la camilla que ellos, que están pensando en sus problemas. Quizás las mujeres deberían tener algo más de los hombres y los hombres algo más de mujeres.

-Esta forma de vida sedentaria es una mina para ustedes, ¿no?

-Sí. Hay dos patologías predominantes: las de columna y las de codo y hombro.

-Y a ninguno nos gusta sufrir.

-Aspiramos a no padecer. Antes, la gente tenía un dolor y pensaba «¡Qué se le va a hacer!». Hoy, no tiene sentido mantener el dolor. Ese es nuestro objetivo.

-¿Cómo vino a dar a Galicia?

-Estudié en Valladolid y después me presenté a las oposiciones en Huelva, Santander y A Coruña. Y aprobé las tres. Así que visité los tres hospitales y me decidí por este. Llevaba un año abierto y tenía una plantilla más joven.

-Y seguro que aquí lo enganchó una gallega.

-Ya me había casado y me había separado. Y aquí me engancharon, sí. Una mujer que no me la merezco.

-¿Celta o Dépor?

-Deportivo. No soy futbolero.

-¿Cómo se definiría en pocas palabras?

-Soy constante y trabajador; todos los días trabajo, leo; soy estudioso. E intento ser generoso.

-¿Tiene aficiones?

-Ese es mi problema, que no tengo hobbys. Mis hijas me intentaron meter en el golf. Hice un curso, pero no me encontraba. Pasear, voy a pasear un rato, pero mi cabeza está a otra historia. Lo que más me atrae es la montaña.

-Dicen que es un gran viajero.

-Sí. Intento hacer dos viajes al año. Los últimos fueron a Laponia, con mi nieto y a Noruega.

-Y también que es un experto gastrónomo.

-Bueno, lo que tengo es una pandilla con la que, cada miércoles, vamos a comer o a cenar a un sitio diferente. Somos un grupo muy heterogéneo.

-¿Cuál es el mejor cocinero de Galicia?

-Para mí, Luis Veira.

-¿Y usted que tal cocina?

-Yo bien. En la pandilla somos un par de ellos los que cocinamos bien.

-¿Cómo era de pequeño?

-Muy aplicado y muy juguetón. Y un poco fiestas. Bueno, también lo soy ahora.

-¿Cómo se defiende con el móvil?

-Imagínese, porque todos mis clientes tienen mi número.

-¿Y las redes sociales?

-No me gustan.

-Dígame una canción.

-¡Uf, vaya pregunta! No sé, una de los Beatles.

-No le interesa mucho la música, ¿no?

-Ni el baile.

-¿Qué cree que es lo más importante en la vida?

-La sinceridad, la generosidad, la ética.

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