La lenta eutanasia del tren del norte

La antigua línea de Feve entre Ferrol y Ribadeo vive en estado terminal con anulaciones de servicios, viajes en taxi o en bus y con estaciones en las que no quedará nadie que atienda a la gente


Redacción / La Voz

Se pone la gorra roja y coge el silbato y el banderín. «Pareces un mariscal», le dice con cierta sorna al responsable de Circulación uno de los dos pasajeros que en la estación de Viveiro esperan con una desconfianza inusual que el tren llegue. Tal vez lo que venga sea un taxi. Es cómodo, dicen, aunque para en todas las estaciones hasta que se llena. «El otro día fui en un Mercedes», celebra Fernando, a quien en realidad le gustan más los trenes. Cuando el viejo tren de los ochenta totalmente grafiteado llega orgulloso a los andenes pese a sufrir estas humillaciones en su vejez, Fernando lo perdona porque lo quiere. «Tiene unos asientos comodísimos», dice. El responsable de Circulación, que en realidad es el jefe de estación porque ya solo está él, corrobora esa comodidad crepuscular.

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La lenta eutanasia del tren del norte