Los cuatro años que doblegaron al PSOE

Los socialistas han pasado de negarse a hablar siquiera con Podemos a negociar abiertamente con el independentismo

En diciembre del 2015, el comité federal del PSOE vetó cualquier intento de Sánchez (en la imagen, acompañado aquel día de César Luena, su secretario de organización) de negociar con Podemos
En diciembre del 2015, el comité federal del PSOE vetó cualquier intento de Sánchez (en la imagen, acompañado aquel día de César Luena, su secretario de organización) de negociar con Podemos

Todo ha sucedido en muy poco tiempo, de acuerdo con el ritmo acelerado de la política española reciente. Pero, precisamente por ello, conviene echar la vista atrás para constatar el giro copernicano que se ha operado en el PSOE en ese corto período. El próximo 29 de diciembre se cumplirán cuatro años desde que el comité federal socialista aprobó una declaración que entonces se pretendía histórica. Tras las elecciones generales del 2015, en las que el PP de Rajoy quedó sin opciones de formar una mayoría conservadora, la cúpula socialista aprobó una resolución en la que se vetaba el inicio de cualquier contacto con Podemos. Aquel texto consideraba «innegociable» que, antes de que Pedro Sánchez pudiera abrir siquiera una ronda de contactos con el partido de Pablo Iglesias, este renunciara explícitamente a su defensa del derecho a decidir. Sin esa «condición indispensable» de la renuncia pública, ni siquiera se podía hablar con la formación morada. Tal era el rechazo que entonces generaba entre los socialistas el apoyo de Podemos a un referendo en Cataluña. De hablar con los independentistas catalanes ni se hacía mención en aquel documento, porque eso era en ese momento un disparate inimaginable. El PSOE, se decía, antepondría «el interés de España a cualquier otro objetivo».

Menos de un año después, en octubre del 2016, bastó que Sánchez insinuara su intención de pactar con Podemos para que, a pesar de negar con insistencia cualquier posibilidad de negociar con los independentistas catalanes, el comité federal socialista forzara su dimisión como secretario general y su posterior renuncia al escaño ante su negativa a aceptar el mandato de la cúpula del partido de abstenerse para permitir la investidura de Rajoy.

Su vuelta al liderazgo del PSOE es histórica. Y los mismos dirigentes que lo echaron (Susana Díaz, García-Page o Ximo Puig, entre otros), aceptaron el acercamiento a Podemos sin que el partido morado renunciara a la defensa del derecho a decidir. Pero el mero contacto con el independentismo siguió siendo tabú, hasta el punto de que, cuando en el 2018 triunfó la moción de censura contra Rajoy, Sánchez negó haber dialogado con ERC o el PDeCAT y mucho menos haber pactado nada a cambio de su apoyo a la moción. Los mismos barones que lo echaron por querer hablar con Podemos, aceptaron que fuera investido con el voto de ERC, PDeCAT y EH Bildu.

Pero la última frontera del PSOE acaba de ser rebasada. Sánchez negocia ya abiertamente con los independentistas de ERC, cuyo líder ha sido condenado por sedición hace poco más de un mes, para ganarse su apoyo. Y los socialistas se sientan incluso a la mesa con Josep María Jové, imputado por ser uno de los cerebros del procés y del ilegal referendo del 1-O. Y así es como el PSOE ha girado por completo y se ha doblegado en cuatro años, sin que ni Podemos ni los independentistas hayan cedido en nada. Los mismos barones que echaron a Sánchez por querer hablar con Podemos, apoyan ahora que pacte con el independentismo. Y que ofrezca, ya de salida, más dinero para Cataluña y un nuevo Estatuto.

Casado se inspira en Sánchez para rechazar la abstención

Como era previsible, arrecia la presión sobre el PP para que impida que se consume el Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos con el apoyo de ERC. Si la sola posibilidad de que Pablo Iglesias se siente en el Consejo de Ministros aterra a muchos empresarios, el hecho de que la estabilidad dependiera de ERC aumenta la incertidumbre, lo que más odian los mercados. Sabedor de la que se le viene encima, Pablo Casado se arma de razones para rechazar esa responsabilidad. De momento, los mejores argumentos los encuentra en el discurso de Pedro Sánchez, que se negó a abstenerse para que pudiera gobernar el PP por considerar que eso sería un engaño a los votantes socialistas.

Garicano, enemigo del AVE a Galicia, gana enteros en Cs

La dirección que vaya a tomar Ciudadanos tras la salida de su eterno presidente, Albert Rivera, es una incógnita. Pero, de momento, lo que se constata es que uno de los dirigentes críticos con Rivera, Luis Garicano, gana posiciones en el partido naranja de cara al futuro. El que fue gurú económico del partido se presenta ahora como el ala más progresista de los naranjas. Ese progresismo casa mal, sin embargo, con algunas de sus posiciones, como aquella en la que aseguró que la construcción del AVE a Galicia era «un completo despilfarro keynesiano» que resultaba «de locos» y que el Estado solo debe invertir en infraestructuras rentables. No parecen políticas precisamente progresistas. 

El dilema del BNG y Teruel Existe en la investidura

Aunque algunos dan por hecho que Pedro Sánchez será investido en el momento en el que ERC se avenga a abstenerse en la investidura, lo cierto es que el líder del PSOE no tiene todavía los votos suficientes, ni siquiera aunque los independentistas le den su plácet. Falta todavía negociar con el PNV, que espera como siempre a ser el último para sacar la mayor tajada. Pero faltan también otros partidos que tendrán complicado justificar su apoyo a un Gobierno que se compromete a dar más inversiones a Cataluña, y probablemente al País Vasco, para agravio de otras comunidades. Ahí está, por ejemplo, el BNG. Y también Teruel Existe que, de prosperar el acuerdo con ERC, existirá aún menos.

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