En Marea o cómo volver a empezar

Anova se brinda para reconstruir el espacio político del rupturismo tras dos experiencias fallidas


santiago / la voz

En Marea nació como una coalición en noviembre del 2015, se transformó en partido en julio del 2016 y acaba de fracturarse en dos piezas en el Parlamento gallego, tras protagonizar un sainete en varios actos. El sector crítico, de 10 diputados, se queda con el grueso de la cosa y la marca. El hasta ahora sector oficial, que dirige el partido En Marea, con 4 diputados, pasa a engrosar el sector crítico, pues abandonó la casa común para engrosar el Grupo Mixto. Un diputado de Anova está en un grupo y su portavoz nacional, en el otro. «Para que me metería eu nisto», se lamenta un activista que participó en el proyecto fallido. El propio Beiras, ideólogo de En Marea, no quiso ni mentar la experiencia en sus últimas apariciones.

La constitución y demolición de En Marea, que fue la principal fuerza de la izquierda en Galicia, tiene contenidos para una asignatura de Ciencias Políticas. Para una cuatrimestral al menos. Es un espacio político lleno de paradojas, que asumió el ideario de la unidad y la acumulación de fuerzas, pero no deja de producir escisiones. Que predica asamblearismo y deciden las cúpulas. Que a veces votan en primarias y después llega un tuit del líder desautorizando lo votado. Las normas y los censos se manejan con laxitud, como si estuvieran depositados en un paraíso fiscal.

La última paradoja la protagonizó el propio Luís Villares, portavoz de la organización. Tanto el máximo órgano del partido como el reglamento del Parlamento lo amparaban para resistir los embates del sector crítico y mantenerse firme al frente del grupo de En Marea. En cambio, optó por tirar la toalla, entregar la marca, cederle un puesto en el Senado a sus detractores y marcharse al Grupo Mixto de penitente con una cruz a cuestas, dejando patidifusos a buena parte de los que lo habían apoyado hasta ahora.

No son pocos los analistas que, dentro y fuera, certifican ya el fin de ciclo de En Marea, pues a lo ocurrido en el grupo parlamentario añaden el severo correctivo sufrido en las municipales, que desalojó a los alcaldes de las mareas de A Coruña, Santiago y Ferrol y propició el exterminio de las dos facciones que representaban este proyecto en Lugo.

Estratégicamente, En Marea está en game over, juego terminado. Muy pronto será posible ver a un Luís Villares muy mermado compitiendo con Luca Chao o Paula Quinteiro -que de ser invitada a dimitir y entregar el escaño puede acabar de portavoz parlamentaria- por hacerle las preguntas al presidente Feijoo, que si algo hizo en estos diez años fue actuar de trituradora de líderes opositores.

Aunque puede que no todo haya acabado, que vuelvan a empezar de nuevo con la oportunidad que brinda el calendario de las elecciones autonómicas, a un año vista. Por lo de pronto, Anova, el partido fundado por Beiras y liderado por Antón Sánchez, ya se brinda para aglutinar de nuevo a todo el rupturismo político. Es mera supervivencia. Si Anova se somete a Podemos, muere. Si se queda quieta, fenece. El valor de esta formación estriba en su capacidad para arrimar las dos orillas, el comunismo español y el nacionalismo gallego. Falló una vez con AGE. Falló la segunda con En Marea. Pero a partir del otoño, como el mito de Sísifo tan mentado por Beiras, lo intentarán de nuevo. Empujar la piedra cuesta arriba o morir aplastado por su peso.

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