Los esquiladores de ovejas gallegos toman el relevo de los polacos

Rapadores de la montaña lucense asumen el corte de miles de animales en Galicia


ourense / la voz

Ya es primavera en las explotaciones ovinas gallegas. Por tanto, momento de trasquilar a las ovejas. Tradicionalmente, de esta tarea se ocupaban grupos de temporeros que llegaban desde Polonia y que contaban con gran experiencia y reputación en el sector. Sin embargo, esta situación ha cambiado, y ahora el relevo lo han tomado esquiladores gallegos, que desde su base de operaciones en la montaña lucense se trasladan a las diferentes explotaciones repartidas por toda Galicia, especialmente de Lugo y Ourense. El año pasado se quedaron con la mitad de los rebaños agrupados en la Asociación de Criadores de Ovino e Caprino de Galicia (Ovica) y, tras su buena acogida, esta primavera han puesto todos los rebaños en sus manos.

Una de las explotaciones más numerosas se encuentra en Tioira (Maceda). Esta pequeña parroquia apenas supera los 200 habitantes, pero cuenta con una de las granjas ovinas más importantes de Galicia, con ochocientas ovejas. Todas ellas fueron trasquiladas a principios de mayo.

En una agradable mañana y sin más actividad en la parroquia que la de los esquiladores en la granja de Alfredo Suárez, el equipo de Rapadores da Montaña Lucense se pusieron a la faena desde primera hora de la mañana para tenerla rematada por la tarde. Dos de ellos se encargaban de colocar a los animales delante de la maquinaria que se utiliza para despojarlos de la lana. El resto era cosa de cuatro rapadores, que necesitaban entre uno y dos minutos, dependiendo del animal, para trasquilarlo. La media es, aproximadamente, de 25 a la hora; un ritmo que firmarían los mismísimos polacos. Otros dos operarios se encargan de recoger la lana, almacenarla y dejarla lista para comercializar.

«Este ano facémolo todo con rapadores galegos, con dous equipos dunha empresa da montaña luguesa. Ultimamente os polacos poñían moitos problemas para rapar e non lles interesaban as explotacións pequenas, que en Galicia son a maioría. A xente está moi contenta co cambio. Estes novos equipos traballan ben e as ovellas saen moi ben rapadas e sen cortes», explica Noelia Ron, directora técnica de Ovica.

Los esquiladores tendrán que hacer frente a un arduo trabajo durante la primavera. En Ovica tienen unas 6.000 ovejas por trasquilar, a las que hay que sumar las de numerosos ganaderos que están fuera del colectivo y que también demandan los servicios de este equipo. La directora técnica de Ovica hace un llamamiento a las autoridades para que se potencie la formación en esta y que se pueda expedir un certificado de rapador como sucede, por ejemplo en el caso de los manipuladores de carne. «O ideal é que todo se fixese de maneira regrada, e con xente especializada e cunha formación detrás», explica.

«Es un día de fiesta»

Un cuarto de siglo de experiencia bajo sus espaldas es la que atesora Adriano Borrás. Aprendió el oficio en las montañas de Teruel, de donde es oriundo. Lleva, sin embargo, cerca de quince años asentado en la provincia de Lugo, desde donde ha montado una empresa que actualmente se encarga de trasquilar a todas las ovejas de los ganaderos asociados a Ovica. Se organizan en dos grupos. Son siete rapadores, a los que hay que sumar a dos cogedores y dos laneras.

Al margen de la carga de trabajo que les ha llegado de Ovica, también cruzan las fronteras con facilidad. Ahora mismo, por ejemplo, tienen a uno de sus esquiladores en Sicilia y también hay gente que se va a Australia o Nueva Zelanda para aprovechar las temporadas bajas de trabajo en Galicia. Cuando llegan a un acuerdo para esquilar un rebaño, los esquiladores de la montaña lucense quedan un día con el ganadero para que tengan todo preparado y ellos se encargan del resto. El precio que cobran dependen de la cantidad de ovejas. Si supera el centenar, la tarifa se sitúa en 1,50 por cabeza y la comida, a mayores. Tienen capacidad, con todo el grupo al completo, para rapar hasta 1.000 ovejas en un solo día, aunque la realidad del campo gallego hace que los rebaños grandes sean una excepción.

No cabe duda de que el trabajo requiere de gran técnica y esfuerzo físico, pero tampoco la hay de que a Adriano le gusta lo que hace. «Para nosotros es un día de fiesta. Queremos reivindicar este oficio y cómo se vivía tradicionalmente. Era un día en el que se juntaban todos en torno al trabajo y se vivía como una jornada especial, todos juntos alrededor de la mesa», señala.

Precisión y rapidez

El grupo de Rapadores da Montaña Lucense trabaja con equipos comprados en Suiza. El procedimiento es sencillo y efectivo. Una persona coge la oveja y la sitúa delante de la máquina, donde espera el rapador. La sujeta de pie entre sus piernas y realiza el trasquilado. Es fundamental para que la lana pueda aprovecharse en los mercados, que se realice sin cortes y de forma homogénea. En menos de dos minutos, el animal quedará listo para pasar el estío y la lana se irá directamente a un saco para ser transportada y colocada en los mercados.

Pueden rapar hasta 1.000 ovejas al día, aunque en Galicia los rebaños no son tan grandes

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