«La conclusión a la que llegas es que la oposición es suerte»

Las academias se llenan de opositores con la nueva oferta de empleo público. Muchos llegan sin saber a qué plaza se van a presentar


redacción / la voz

Iria Dopico, graduada en Educación Primaria por la Universidade da Coruña, lleva cuatro años preparando sus oposiciones en una academia. «La conclusión a la que llegas es que la oposición es suerte», explica Dopico, por lo que en este cuarto año «ir a clase sirve para no desconectarte, repasar y fijarte más en los pequeños detalles».

En su promoción universitaria hay perfiles de todo tipo: gente que aprobó la oposición hace tres años, otros que lo siguen intentando y algunos que han desistido. También están los que compran un temario para preparar los exámenes por su cuenta, aunque Dopico desaconseja esta opción. Según explica, «hay particulares que te venden el material, pero en la academia se preparan los temas entre varios profesores que ponen sus ideas en común, lo que enriquece mucho más el temario».

En este sentido, el aprendizaje en una academia se hace de forma pautada, atendiendo a un cronograma y aprendiendo poco a poco. Otra de las ventajas que apunta Dopico es la dinámica de grupo que se genera en el aula, ya que las dudas de unos sirven para otros y el aprendizaje es mayor que estudiando de forma individual.

En muchos casos, los opositores se preparan para un puesto que no tiene nada que ver con su formación. Ejemplo de ello es Jaime Abalo, de 37 años, que tras estudiar un ciclo superior de informática aspira a un puesto de auxiliar administrativo en la Xunta. Aunque su intención es esa, Abalo no cierra otras puertas, ya que la plaza de auxiliar tiene temario común con otros puestos en ayuntamientos o diputaciones, por lo que también se plantea probar suerte con otras plazas. La razón de prepararse en una academia, explica, responde a su carácter. «Soy un poco inconstante, y los profesores me ayudan a tener unos propósitos cada semana y a llevar todo al día», apunta. Desde que terminó sus estudios en informática, a Abalo no le ha faltado trabajo, pero cansado de la inestabilidad, busca un empleo fijo en la Administración gallega. También podría optar a un puesto a nivel estatal, pero lo descarta, ya que su vida está en Galicia y con su novia, con la que vive en A Coruña desde hace años. Este es su primer año como opositor, y en caso de no lograr la plaza este año, Abalo no duda de que seguirá intentándolo. «El tiempo que le he dedicado no se puede tirar a la basura», concluye.

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