Las prisiones gallegas por dentro: inseguridad y trapicheo por la carencia de funcionarios

GALICIA

Las medicinas en algunos centros se reparten dos veces a la semana avivando el mercado negro, adicciones, deudas y agresiones. Y es solo uno de sus problemas, denuncian los trabajadores

04 feb 2020 . Actualizado a las 19:51 h.

Todo tiene precio entre rejas, pero no todo se paga siempre con dinero. «Hasta de una dosis de metadona, de las que damos en vaso de chupito, sacan algo». Lo relata un funcionario de prisiones con 20 años de experiencia entre A Lama (Pontevedra) y Teixeiro (A Coruña): «Se meten algodón en un lateral de la boca y, al beber la metadona, la orientan a ese mismo lado para que el algodón la absorba. Luego lo escurren en algún recipiente y venden ese líquido». La treta, añade el trabajador junto a más compañeros, es solo la punta del iceberg del día a día en los cinco centros penitenciarios de Galicia. Principalmente en A Lama y Teixeiro, más modernos, grandes y con presos más peligrosos que los de Bonxe y Monterroso, en Lugo, y Pereiro, en Ourense.

Las plantillas, atomizadas y en guerra abierta con Instituciones Penitenciarias, apuntalan esa realidad alejada de las estadísticas y discursos oficiales. Delatan un submundo cimentado en el mercado negro de medicinas, tabaco y drogas, economía del trueque y cadenas de favores. Una realidad, advierten, que alimenta adicciones y despierta otras nuevas entre la población reclusa. También denuncian inseguridad para ejecutar su trabajo y lo relacionan con la superpoblación de los penales y el déficit de funcionarios (111 en Galicia). De no corregirse, alertan, el control del Estado sobre los reos acabará siendo anecdótico.

«Por resumir: en cada módulo tienen que estar al menos cuatro funcionarios, pero la realidad es que están dos. En los módulos de perfil bajo lo generalizado es que esté uno». El escenario asentado, añaden los trabajadores consultados, tiene excepciones: «En módulos de aislamiento o en el 13 de Teixeiro, todos muy peligrosos, sí están 4 y 3 compañeros y aun así resultan insuficientes». ¿Pero cómo repercuten estas carencias en el marcaje a los internos? «Implica el abandono de muchas tareas. Por ejemplo, si estoy solo para revisar a tres presos citados con abogados, y tengo a otros tres que custodio a la escuela, lo haré mal y rápido y con un ojo en la espalda. Pegarme, clavarme un punzón, puede pasar de todo».