Móviles a 350 euros y hasta máquinas para tatuajes caseros

Así se paga el menudeo en la prisión: la china de hachís está cinco euros, el gramo de heroína a 95, y el papel albal para fumarla es gratis; usan el de las chocolatinas

Máquina de tatuar casera incautada en Teixeiro
Máquina de tatuar casera incautada en Teixeiro

Vigo

Habiendo demanda, nunca falta la oferta. Y con dinero, casi todo es posible tras los muros de una prisión. Pero no exclusivamente en el economato, las posibilidades se multiplican en cualquier pasillo o esquina no vigilada. Basta un segundo, una palabra, gesto o mirada para cerrar el trato. «Las llamadas de teléfono son muy valoradas, las opciones pasan por comprar uno o pagar por usarlo». Los dispositivos llaman la atención por su diminuto tamaño, igual al de un mechero. Pero lo más importante radica en sus componentes: «No tienen metal, por eso no pitan en los arcos de seguridad», explica un funcionario. Su valor inicial, en Internet y procedentes de China, oscila entre 15 y 20 euros. En prisión se dispara a 350. «Se los meten por el recto, entran cinco o seis. Una vez en las celdas, los expulsan y venden al mejor postor».

La necesidad, incautado lo incautado, evidencia que entre rejas también se aviva el ingenio. «Algunos son auténticos ingenieros en potencia», el funcionario alude a la construcción de máquinas para tatuar con piezas aparentemente antagónicas. «La base de todo es un tubo de bolígrafo, casi siempre Bic, con una aguja atada a un extremo por la que cae la tinta, también de boli, calentada con un mechero. Ahí se coloca un motor, de walkman habitualmente, para que provoque el traqueteo de la aguja clavándose en la piel. Ese motor, con cables, se conecta a un portapilas posiblemente aprovechado de algún radiocasete u otro electrodoméstico. No necesitan más, Y ahí, evidentemente, también hacen negocio». La vocación creativa, hace ya unos cuantos años, quedó constatada en A Lama. «Fue sobre el 2006, eran dos internos de origen rusos. Tenían seis o siete plantas de marihuana, se hicieron fotos, así que hay pruebas. Estaba todo en la celda junto a un murete horizontal, todo cubierto con un papel metálico, dentro dos bombillas, tierra... Todo eso lo consiguieron, igual que las semillas, los recipientes. Fue lo más espectacular que hemos visto en mucho tiempo».

Más común resulta el mercadeo de drogas. El trapicheo, aseguran funcionarios de A Lama y Teixeiro, no deja de crecer. «También se hace alcohol casero, llamado chicha, macerando manzanas y usando resistencias arrancadas de algún termo para dar calor a la mezcla con agua y acelerar la fermentación». Incluso existe una cesta de la compra con tarifas fijadas, lo que evidencia lo asentado del negocio. «El gramo de heroína se despacha a 95 euros, la china de hachís a cinco. Lo que notamos es un repunte muy elevado del caballo, se les nota en la cara, las muecas, cuando te cruzas con ellos por el patio o el pasillo y te miran a los ojos. La fuman, no la inyectan. El papel albal les sale gratis, usan el de las chocolatinas del economato». El origen del problema, añaden los trabajadores, todos con más de 20 años de experiencia, empieza y acaba en los controles a los visitantes.

Cacheos leves, no como en un aeropuerto

«El tema es delicado... una realidad que, oficialmente, aún hoy se reconoce con la boca pequeña. Pero esta ahí por un motivo tan sencillo como complejo de solucionar». El funcionario se refiere a los cacheos de acceso que supera cada visitante. «Son muy flojos, superficiales por una cuestión de presunción de buena conducta para los que solicitan venir a prisión. Sin duda mucho menos incisivos que los de cualquier aeropuerto, lo único que se mira es que no escondan nada metálico». La cárcel de A Lama sirve de ejemplo. En el 2017 se alcanzó el récord de incautaciones, una cifra que da idea mínimamente el calado del problema: 631 gramos de hachís, siete de marihuana, tres de cocaína y algo más de dos de heroína. Calcular lo que se llegó a consumir resulta una quimera.

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