Hacia las cinco campañas del dóberman

Las cinco grandes fuerzas políticas se preparan para recurrir al voto del miedo al secesionismo o a la ultraderecha


Madrid / La Voz

En las elecciones generales de 1996, el PSOE inauguró un tipo de campaña que hasta entonces no se había utilizado nunca en España. Felipe González llevaba 14 años en el Gobierno después de enlazar cuatro legislaturas consecutivas de mandato. Pero su proyecto parecía agotado y su imagen estaba ya muy lastrada por la sucesión de escándalos. De la necesidad de dar un revulsivo ante la clara victoria del PP que anunciaban las encuestas, nació la campaña del dóberman. Era un vídeo impactante en el que se alternaban imágenes en blanco y negro de un perro agresivo y de dientes afilados con las del entonces secretario general del PP, Francisco Álvarez Cascos, representando «la España en negativo», para dar paso a unas imágenes idílicas en color que representaban «la España en positivo» del PSOE.

Desde entonces, no se ha vuelto a ver una campaña basada en un ataque tan agresivo al rival, entre otras cosas porque, pese a ese vídeo, el PP acabó ganado aquellas elecciones, aunque los socialistas recortaron distancias gracias a esa estrategia. Todo indica sin embargo que, ante la polarización política extrema que se ha producido por el desafío independentistas en Cataluña y la fuerte irrupción de un partido de extrema derecha como Vox, dentro de muy poco nos vamos a adentrar no en una, sino en cinco campañas del dóberman, en las que la descalificación del rival va a primar frente a las propuestas propias. La crispación que hemos visto durante la legislatura más convulsa de la democracia es solo un aperitivo de lo que aguarda en una campaña también inédita por la presencia de hasta cinco partidos con opciones de formar grupos amplios.

En los cuarteles generales de esas cinco fuerzas se preparan ya estrategias, vídeos y memes, -estos últimos pueden ser los grandes protagonistas de la campaña en las redes sociales- en los que no hay lugar para matices. Blanco o negro. El bloque de derecha (PP, Ciudadanos y Vox) presentará al PSOE y a Unidos Podemos como aliados y cómplices del independentismo. Votar a Sánchez o a Iglesias es votar a Puigdemont y apostar por la disgregación de España, será el mensaje catastrofista. Y, a la inversa, socialistas y morados presentarán a todo lo que está al otro lado como una única fuerza de ultraderecha. En este caso, el mensaje es que votar a Casado o a Rivera es votar a Santiago Abascal y apostar por un regreso a la España del falangismo.

Y si en toda campaña desde hace décadas acababa apareciendo el fantasma de Franco de una u otra manera, en la que comienza el 12 de abril el dictador no será mera anécdota, sino que puede convertirse en uno de los ejes principales de los discursos de ambos bloques. El de la derecha presentará a PSOE y Podemos como dos fuerzas que tratan de reabrir las heridas de la Guerra Civil utilizando para ello la exhumación de Franco, mientras que la izquierda representará a Ciudadanos, PP y Vox como nostálgicos del franquismo que quieren que el Valle de los Caídos siga siendo un lugar de culto para un dictador. Preparados por tanto para una campaña electoral dura, sucia y con presencia de cinco fieros perros dóberman.

Un debate en el que Sánchez e Iglesias serían ya veteranos 

El tiempo político corre a tal velocidad en los últimos años que, si finalmente hay acuerdo para celebrar un debate a cinco entre PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos, PP y Vox, las figuras de tres dirigentes jóvenes que en otras circunstancias serían considerados en realidad casi recién llegados a la primera línea política como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, aparecerían en ese debate a cinco como líderes ya veteranos y que representan la falta de renovación en sus partidos, frente a dos dirigentes como Pablo Casado y Santiago Abascal, que pese a llevar muchos años en política aparecerían como dirigentes nuevos y sin el lastre de una gestión por la que se les pueda atacar.

El PSOE repite con Vox el error del PP con Podemos

El empeño del Gobierno en dar protagonismo a una fuerza extraparlamentaria como Vox y en presentar a su líder, Santiago Abascal, como el político que arrastra con su discurso al PP y a Ciudadanos, podría estar repitiendo el mismo error que cometió en el 2015 el PP de Mariano Rajoy, que dio alas a Podemos al situar al partido de Pablo Iglesias como el verdadero enemigo, para tratar de restar votos a los socialistas. El resultado de aquello fue que el PSOE salió perjudicado, pero el crecimiento de Podemos fue tan espectacular que entre ambos sumaron 159 escaños, poniendo imposible al PP formar Gobierno. Un exceso de protagonismo de Vox podría generar un efecto similar y acabar perjudicando al PSOE.  

La crisis de En Marea lastra a los alcaldes del cambio

El dato pasó más o menos desapercibido, pero en el último sondeo del CIS, En Marea es la fuerza que sufre un mayor varapalo de todas las que se analizan en el estudio. Al tratarse de porcentajes pequeños respecto al total nacional, el hecho de que perdiera cuatro décimas sobre el sondeo anterior puede parecer una bajada pequeña. Pero lo cierto es que pierde la mitad de sus votos en dos meses pasando del 1,2 % de diciembre al 0,6 %. El dato ha generado alarma no solo porque el proyecto puede acabar en fracaso en el Congreso, sino porque la probable ruptura de En Marea augura que los alcaldes del cambio pagarán un coste muy alto en las municipales por la división del voto y tendrán más difícil ser reelegidos.

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