¿Y si es el profesor el que suspende?

Los estudiantes de Canae colaron en las enmiendas a la ley Celaá la evaluación de profesores por parte de los alumnos


redacción / la voz

Mañana, la ministra Isabel Celaá hablará en el Congreso sobre la nueva ley de educación, y tal vez se sepa si incorpora una enmienda del Consejo Escolar para que los alumnos de ESO (de 12 a 16 años) evalúen a sus profesores, solo a título informativo. Fue una de las alegaciones aceptadas o no rechazadas por los representantes del ministerio en el Consejo, y según dijo la ministra, en esos casos se incluirá la enmienda en la ley. Desde el ministerio no hay compromisos: «Se tendrán en cuenta las enmiendas que mejoran el anteproyecto». Pero ¿y si se acepta?

las dudas

¿Divertido es igual a bueno? La duda es si esos estudiantes valorarán mejor al docente divertido. Según Arthur Poropat, profesor titular de Psicología Aplicada en la Universidad de Griffith (Australia), lo más probable es que sí: «Los estudiantes no saben lo que es mejor para su aprendizaje», sostiene. Alude a estudios en los que cuando, los alumnos (de la universidad) valoraban bien a su docente, la siguiente nota (con ese docente) era buena; cuando lo calificaban mal, eran buenas las del año siguiente. Esto se explica porque los alumnos «asumen que leer o resaltar pasajes de un libro o escuchar una conferencia es suficiente para producir aprendizaje», frente «a tareas que requieren tiempo y esfuerzo, a pesar de que se ha demostrado que producen el mayor aprendizaje».

¿Qué opina la comunidad educativa gallega?

A favor

«Son el centro del aprendizaje». Uno de los mayores defensores de la medida es Juan Sanmartín, profesor de secundaria en un colegio concertado de O Carballiño y un referente en el uso del móvil en el aula: «Sí deben opinar los alumnos, yo lo contemplo en la programación de aula -explica-. Muchos compañeros, y me refiero a redes (como Claustro Virtual), pasan cuestionarios anónimos a los alumnos, un indicador que puede ayudar al docente. No olvidemos que ellos son el centro del aprendizaje y quienes reciben la información, su opinión debe importar». Claro que todo tiene matices: «Los alumnos son bastante influenciables y los datos deben ser claramente tratados».

Sí a la evaluación constructiva. Emilio Veiga, director del centro de formación del profesorado (CFR) de A Coruña, cree que «el problema es el cómo, tanto por las herramientas de evaluación como por los tiempos». «Fomentar la evaluación crítico-constructiva y no punitiva es algo que deberíamos introducir ya en primaria», afirma, y recuerda varias experiencias que generan una idea muy positiva de comunidad con una «cultura evaluativa que ayuda a construir».

Una consulta de opinión más. Fernando Lacaci, vicepresidente de Anpas Galegas, también lo considera positivo: «Os estudantes da ESO están capacitados para avaliar se quen realice as preguntas está capacitado para facelas; tratarase de preguntar o que a xente desa idade está en condicións de responder fielmente, e logo, por suposto, tratarase de saber interpretar eses resultados. Algo de pedagoxía crítica haberá que facer, pero nin máis nin menos ca noutras consultas de opinión que se realizan acotío».

«Transmiten información ya en el día a día». El parlamentario pontevedrés Guillermo Meijón (PSOE), miembro de la Comisión de Educación del Congreso, recuerda que «en las aulas los docentes atienden a la retroalimentación que les proporcionan sus alumnos». Entiende este maestro que los estudiantes «pueden transmitir información relevante, y de hecho la transmiten en el día a día, sin sistematizar», y aun así es útil. En todo caso, reconoce que la evaluación docente debe ser mucho más amplia que la opinión del alumnado.

SÍ, con limitaciones

«Dentro de un proyecto de evaluación completo». Rogelio Carballo, representante de las familias (Confapa Ceapa), cree que con el big data se puede diseñar una evaluación objetiva, pero, «dentro de un proyecto de evaluación completo, que tenga en cuenta cuestiones como la formación continua, la evaluación cruzada con el resto del profesorado del centro, evaluación por la inspección o cualquier otra, la opinión de los alumnos tendría algún valor como matiz de una imagen mucho más amplia». Pero piensa que «pretender que los alumnos sean los examinadores de los profesores es de una gratuidad insoportable».

Sí «sobre asuntos muy concretos». Isabel Ruso, presidenta de los directores de instituto en Galicia (Addiga), ve útil la evaluación «en asuntos muy concretos, como la capacidad comunicativa, la calidad de las explicaciones o la adecuación de los exámenes a lo trabajado en clase». Ella cree que esa comunicación ya se da en la mayoría de las aulas. Por lo demás, recalca Isabel Ruso que «todos los profesores entienden que deben ser evaluados; eso no lo discute nadie», pero lo que no aceptaría jamás es que «los alumnos discutan si sabes o no sabes de tu materia».

«A partir de tercero». Carlos Varela, profesor de secundaria e inspector de Educación, pone el límite en la edad: «Estoy de acuerdo con que el servicio debe ser evaluado siempre. También nosotros, pero no que lo haga el alumnado de 1.º y 2.º de la ESO. Sí a partir de tercero», que ya tiene plena participación en los consejos escolares. La edad es clave y por eso está «rotundamente a favor de la evaluación en bachillerato y ciclos formativos».

En contra

«Unha avaliación xeral do sistema». Luz López, secretaria xeral de la Federación de Ensino de CC. OO. en Galicia, prefiere «a avaliación xeral de diagnose do sistema educativo», y en ningún caso le corresponde al alumnado esa función.

«Un despropósito». Tampoco lo ve adecuado Julio Díaz, presidente del sindicato ANPE en Galicia: «Paréceme un despropósito. Iso non quere dicir que os profesores e o sistema educativo non debamos estar sometidos a avaliación, pero con criterios obxectivos, e que forme parte da nosa carreira profesional». Para Díaz, que los alumnos evalúen a los profesores puede «menoscabar o principio de autoridade do profesor e a súa liberdade de cátedra».

Demasiados riesgos. María José Mansilla, representante de las familias de colegios católicos (Concapa-Congapa), cree que «el alumnado de la ESO estaría convencido de que su valoración es justa, aunque no del todo objetiva. Los resultados académicos en las materias determinarían en gran parte la valoración del profesor y la evaluación no cumpliría su función: contribuir a mejorar la acción docente. Puede caerse en valorar solo el producto final y no su desarrollo». Esta profesora de secundaria apunta a la dificultad que supone «definir con claridad y con un criterio único la tarea docente». Es más partidaria de «la autoevaluación sistemática con rigor e instrumentos eficaces, una autoevaluación que debe formar parte inseparable del rol del docente».

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