El camarote de las primarias del PSdeG

El método de elección de candidatos avivó las tensiones internas del partido, dejando Santiago al margen


santiago / la voz

Ourense es la república independiente del PSdeG (algo similar ocurre en el PP) y hasta que no se le coge el tranquillo a los constantes bandazos en las alianzas de esta provincia no se puede entender bien aquello de que la política gallega es «unha arte dinámica», que decía Pachi Vázquez. Los socialistas encendieron el motor de primarias para elegir los candidatos a alcaldes, y en Ourense respondieron con el baile de la silla. Los que hace un año estaban con Susana Díaz se han unido ahora a sus rivales sanchistas para apoyar a José Ángel Vázquez Barquero como alcaldable. Y el sanchismo de la Tercera Vía que impulsó a Gonzalo Caballero en Galicia explosionó en tres opciones distintas y un verso suelto, que lo mismo no ganan las primarias, pero prometen entretenimiento.

Lo que ocurre en la ciudad de As Burgas, con cinco candidatos a primarias, o lo de A Coruña, donde compiten cuatro aspirantes por llegar a María Pita, es un síntoma evidente de lo deshilachado que se encuentra el partido internamente y deja entrever que desde el camarote de la rúa de O Pino no han hecho lo suficiente por cohesionar y disipar las divisiones para así aprovechar el viento de cola que parece soplar a favor del PSOE desde que Sánchez llegó a la Moncloa.

Es innegable que las primarias son un método útil, democrático y participativo para tomar decisiones, sobre todo si son como las celebra el PSOE, con censos claros y mediante el voto personal, presencial e indelegable en una urna. Pero en entornos muy reducidos puede ser el pretexto para desatar una guerra fratricida, como ocurrió en el 2014 en Santiago. Salió un candidato apoyado internamente, cierto, pero se esnafró en las urnas perdiendo más de la mitad del apoyo ciudadano.

Algo aprendieron en Santiago de aquella mala experiencia, pues esta vez se esforzaron en fraguar un acuerdo interno para evitar las primarias y catapultar a Xosé Sánchez Bugallo como aspirante a recuperar el mando en Raxoi. Las señales de alarma con que este acuerdo fue tomado tanto por Compostela Aberta como por el PP es la prueba más fehaciente de que el PSdeG pudo haber acertado, aunque eso es algo que dirán los ciudadanos en mayo en las urnas.

Hay cierta tradición en mirar a las elecciones municipales como una especie de test o de primera vuelta de las posteriores autonómicas o generales. También en el PSdeG. En el año 2003, por ejemplo, Touriño y su lugarteniente para el partido, Antón Louro, le sacaron partido al viento de cola que empezaban a recibir con el «no a la guerra» y el Prestige y lograron que hubiera alcaldes socialistas en cinco de las siete ciudades gallegas, alfombrando su llegada a la Xunta. Ahora tienen solo dos de esas siete alcaldías.

Así que las decisiones que no se toman hoy pueden pagarse caras mañana. Las primarias son útiles, pero sin orden ni concierto pueden dar lugar a una escena como la del camarote de los hermanos Marx. Eso es ahora mismo Ourense con su baile de la silla que se ha abierto y que puede poner en danza a todo el PSdeG.

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