La confortable vida política de Paula Quinteiro

La diputada a la que En Marea reclamó la dimisión redujo al mínimo su actividad en el Parlamento


santiago / la voz

En octubre del 2016 arrancaba la décima legislatura autonómica, con la constitución del Parlamento, y el nombre de Paula Quinteiro ganó un hueco en las crónicas por ser la diputada más joven e integrar la mesa de edad, encargada de poner la institución a andar. Tenía 26 años. Y de Quinteiro poco más se sabía que trabajó algún tiempo de enfermera y que se había fogueado con los anticapitalistas de Podemos. No fue hasta el pasado mes de marzo cuando tuvo más notoriedad, y no precisamente por su labor política, sino por tener un incidente con la Policía Local de Santiago, que la investiga a ella y a su pandilla de amigos como presuntos autores del destrozo de varios retrovisores de coches estacionados en la calle.

A raíz de aquel incidente nocturno, en el que Paula Quinteiro hizo un uso indebido de su condición de diputada, según estima su propia organización, En Marea, su nombre dio la vuelta a España. Se lo aprendió el presidente del Gobierno, entonces Mariano Rajoy, para invocar su dimisión, y también Irene Montero, portavoz de Podemos en el Congreso, para desvincularse de un caso que quemaba en las manos.

También se lo aprendieron todos los inscritos de En Marea, convocados por la dirección a un referendo interno para decidir sobre el futuro político de la diputada. El 85 % de los votantes pidieron su dimisión. Es importante reparar en que los votantes eran de En Marea, del partido de Quinteiro, no del PP, el PSOE o ciudadanos escogidos aleatoriamente, que probablemente serían mucho más contundentes a la hora de mostrarle la puerta.

Tras provocar la crisis más grave que sufrió En Marea en sus 26 meses de existencia, Quinteiro decidió aferrarse al cargo y a un salario de 5.000 euros mensuales, al sentirse amparada por la mayoría de su grupo parlamentario. Eso sí, algunos de los diputados que la apoyaron enfrentándose al portavoz, Luís Villares, admiten ahora en privado que se han equivocado y que Quinteiro tendría que haberse marchado.

Acaban de cumplirse seis meses desde que trascendió el incidente protagonizado por la diputada anticapitalista de Podemos con la policía, y en ese tiempo cayó Mariano Rajoy y cayeron ya dos ministros del nuevo Gobierno de Sánchez. La propia Quinteiro presenció impertérrita cómo dimitía un compañero de escaño, Juan Merlo, sin que se lo reclamaran las bases.

Pero ella sigue adelante, arropada por los llamados alcaldes del cambio de A Coruña y Santiago, para desafiar a Villares. Quinteiro sigue, pero en realidad está cesada de facto de la vida parlamentaria. El próximo martes habrá nuevo pleno y ella no tiene asignado ningún asunto para debate. Tampoco defendió iniciativas propias en la sesión anterior, en la que su compañero de escaño, Pancho Casal, intervino en cuatro asuntos, del mismo modo que tampoco acudió esta semana a la comisión de pesca, de la que es titular. El Twitter de Quinteiro revela que acudió a varias manifestaciones en los últimos días: trabajadores del 061, de Seaga, Edade... Es una diputada de vida confortable pegada al ruido de la calle. Al Parlamento a poco más acude que a cobrar.

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